Este fin de semana, la ciudad de Córdoba fue testigo de un evento extraordinario: más de dos mil jóvenes de toda Argentina se reunieron para el 5° Encuentro Nacional de Grupos Misioneros. Después de más de una década sin realizarse, este encuentro volvió con un lema que lo dice todo: “En comunión somos misión”. Durante tres días, estos jóvenes compartieron su fe, sus sueños y su compromiso de llevar el amor de Dios a cada rincón del país.
El ambiente era de fiesta y fraternidad. Las charlas, los talleres y las visitas a los hogares mostraron una Iglesia viva, joven y en movimiento. Pero lo más hermoso fue ver cómo cada uno de ellos se entregaba por completo, con una sonrisa y una oración en los labios.
Pentecostés: el Espíritu Santo en acción
El domingo, día de Pentecostés, comenzó con una oración comunitaria. Luego, los jóvenes salieron a los barrios para misionar, llevando el mensaje de Cristo a quienes más lo necesitan. Al mediodía, celebraron juntos la Eucaristía, y por la tarde compartieron una “Conversación en el Espíritu”, donde intercambiaron proyectos y anhelos de sus comunidades. La noche culminó con una adoración al Santísimo y una peña cultural, llena de música y alegría.
El lunes fue igualmente intenso. Después de un espacio de testimonios, los misioneros peregrinaron hasta el Parque Sarmiento, donde participaron en una misa presidida por el Arzobispo de Córdoba, Cardenal Ángel Rossi, y concelebrada por más de 160 sacerdotes de diferentes diócesis.
Un mensaje de gratitud y esperanza
En su homilía, el Cardenal Rossi recordó a los jóvenes la importancia de la gratitud. “El cristianismo es para los agradecidos, para los sabedores de fiesta, no para piadosones. El agradecimiento nos pone en camino hacia los demás”, dijo. Tomando como ejemplo la visitación de la Virgen María a su prima Isabel, invitó a los jóvenes a entrar en la “escuela de María”, para aprender a estar en camino y llegar “allí donde tenemos que estar: de pie ante tantas vidas a las que les han robado la esperanza”.
El Cardenal describió cómo María visita los lugares más olvidados: las celdas de las cárceles, las salas de los hospitales, los asilos de ancianos, las escuelas y las clínicas de rehabilitación. “Mira con ternura la fragilidad del neuropsiquiátrico”, señaló, y recordó que ella camina junto a los jubilados en esas colas inhumanas para cobrar, y alienta a los hermanos que entran en los Hogares de Cristo y en otras periferias.
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en las regiones celestiales con toda bendición espiritual en Cristo.” (Efesios 1:3, NVI)
La misión como estilo de vida
Este encuentro no fue solo un evento; fue un recordatorio de que la misión no termina cuando volvemos a casa. La fe vivida en comunidad nos impulsa a salir, a compartir, a servir. Como dice el apóstol Pablo, “cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas” (1 Pedro 4:10, NVI).
Los jóvenes misioneros de Argentina nos enseñan que la Iglesia no es un edificio, sino un pueblo en camino. Un pueblo que, movido por el Espíritu Santo, se atreve a cruzar fronteras, a entrar en los hogares y a llevar una palabra de consuelo y esperanza.
Preguntas para reflexionar
Después de leer esta historia, quizás te estés preguntando: ¿cómo puedo yo también vivir una misión? No hace falta viajar lejos; la misión comienza en tu propia casa, en tu barrio, en tu lugar de trabajo. Cada sonrisa, cada palabra de aliento, cada acto de servicio es una semilla del Reino de Dios.
Te invito a orar hoy: Señor, hazme un instrumento de tu paz. Que donde haya odio, lleve amor; donde haya ofensa, lleve perdón; donde haya duda, lleve fe. Amén.
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