El Parlamento de Ghana ha dado un paso decisivo al aprobar un proyecto de ley que castiga con prisión las relaciones entre personas del mismo sexo y cualquier actividad que promueva la homosexualidad. Conocido formalmente como Proyecto de Ley de Derechos Sexuales Humanos y Valores Familiares, esta normativa establece penas de hasta tres años para quienes mantengan relaciones homosexuales y de tres a cinco años para quienes promuevan, patrocinen o defiendan públicamente la comunidad LGBTQ+. Ahora, la ley espera la firma del presidente John Dramani Mahama para entrar en vigor.
Esta no es la primera vez que Ghana intenta aprobar una legislación similar. En febrero de 2024, el Parlamento ya había dado luz verde al proyecto, pero el entonces presidente Nana Addo Dankwa Akufo-Addo no lo sancionó. En aquel momento, el Ministerio de Finanzas advirtió que el país podría perder hasta 3.800 millones de dólares en financiamiento del Banco Mundial. La comunidad internacional también ha expresado su preocupación: Estados Unidos calificó la medida como una amenaza a las libertades constitucionales de expresión, prensa y reunión.
El contexto africano: una ola de leyes restrictivas
Ghana no está sola en esta tendencia. En abril de 2025, el presidente de Senegal, Bassirou Diomaye Faye, promulgó una ley que endurece las penas por relaciones homosexuales, aumentando las condenas de uno a cinco años a un rango de cinco a diez años, además de multas de hasta 10 millones de francos CFA. El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Turk, calificó la legislación como «perjudicial».
Uganda también aprobó en 2023 una ley que criminaliza la identidad LGBTQ+, lo que provocó sanciones de Estados Unidos, incluyendo restricciones de viaje para funcionarios ugandeses y la exclusión del programa de exención de impuestos. Estos movimientos reflejan un creciente endurecimiento de las leyes en varios países africanos, donde la homosexualidad ya era ilegal en muchas naciones.
¿Qué dice la Biblia sobre la homosexualidad?
Para los cristianos, la Biblia es la guía final en temas de moralidad y conducta. El tema de la homosexualidad aparece en varios pasajes, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. En Levítico 18:22 (NVI) se lee: «No te acostarás con un hombre como quien se acuesta con una mujer; eso es una abominación». También en Romanos 1:26-27 (RVR1960), el apóstol Pablo describe las relaciones homosexuales como «pasiones vergonzosas» que son consecuencia de haber rechazado a Dios.
Sin embargo, es importante recordar que la Biblia también llama a los creyentes a amar al prójimo y a no juzgar con hipocresía. Jesús mismo enseñó: «No juzguéis, para que no seáis juzgados» (Mateo 7:1, NVI). El desafío para la iglesia es mantener la fidelidad a las Escrituras sin caer en la condenación o el odio hacia las personas.
La gracia y la verdad: un equilibrio necesario
La iglesia primitiva enfrentó dilemas similares al integrar a personas de diferentes trasfondos culturales y morales. Pablo escribió en 1 Corintios 6:9-11 (NVI): «¿No saben que los injustos no heredarán el reino de Dios? No se dejen engañar: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se acuestan con varones... heredarán el reino de Dios. Y esto eran algunos de ustedes; pero ya fueron lavados, ya fueron santificados, ya fueron justificados en el nombre del Señor Jesús». Este pasaje muestra que, aunque la práctica homosexual es considerada pecado, la transformación y el perdón están disponibles para todos.
Como cristianos, estamos llamados a hablar la verdad con amor (Efesios 4:15). Esto significa que no debemos aprobar lo que la Biblia llama pecado, pero tampoco debemos tratar a las personas LGBTQ+ con desprecio o violencia. La ley de Ghana, al imponer penas de prisión, plantea preguntas difíciles: ¿hasta dónde debe llegar el Estado en la regulación de la moralidad? ¿Es la cárcel la respuesta bíblica para quienes viven en pecado?
El papel del Estado y la conciencia cristiana
La Biblia enseña que las autoridades civiles han sido establecidas por Dios para mantener el orden y castigar el mal (Romanos 13:1-4). Sin embargo, el propósito del gobierno no es imponer una moralidad religiosa completa, sino proteger a los ciudadanos y garantizar la justicia. En una sociedad pluralista, los cristianos debemos abogar por leyes que reflejen los valores bíblicos, pero también respetar la libertad de conciencia de quienes no comparten nuestra fe.
El apóstol Pedro nos recuerda: «Honren a todos, amen a los hermanos, teman a Dios, honren al rey» (1 Pedro 2:17, NVI). Esto incluye orar por las autoridades y buscar el bienestar de la ciudad, incluso cuando no estamos de acuerdo con sus políticas. La ley de Ghana puede ser vista por algunos como una defensa de los valores familiares, pero también corre el riesgo de alienar y perseguir a personas que necesitan escuchar el evangelio.
Una respuesta pastoral: amor y verdad
Frente a noticias como esta, es fácil caer en la polarización. Algunos cristianos celebran la ley como un triunfo de la moralidad, mientras que otros la condenan como una violación de los derechos humanos. Sin embargo, nuestra respuesta debe ser más matizada. Debemos afirmar lo que la Biblia dice sobre el diseño de Dios para la sexualidad humana: una unión entre un hombre y una mujer dentro del matrimonio (Génesis 2:24). Pero también debemos extender gracia a quienes luchan con su identidad sexual o viven en pecado.
Jesús nos mostró el camino: se acercó a los marginados, comió con pecadores y ofreció perdón sin minimizar el pecado. A la mujer sorprendida en adulterio le dijo: «Yo tampoco te condeno; vete, y no peques más» (Juan 8:11, NVI). Ese equilibrio entre condenación y gracia es el modelo para la iglesia hoy.
Reflexión final
Querido lector, te invito a reflexionar: ¿cómo puedes tú, como seguidor de Cristo, responder a esta noticia con sabiduría? Ora por Ghana, por sus líderes y por la iglesia en ese país. Pide a Dios que te dé un corazón compasivo hacia todas las personas, sin comprometer la verdad de su Palabra. Recuerda que el evangelio es poder de Dios para salvación de todo aquel que cree (Romanos 1:16), y que nuestra misión no es imponer la fe por la fuerza, sino compartir el amor de Cristo que transforma vidas.
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