Jesús: ¿Quién es Él para ti hoy?

Fuente: EncuentraIglesias Editorial

En un mundo en constante movimiento, donde los puntos de referencia vacilan y las certezas se desmoronan, una pregunta sigue siendo fundamental para todo creyente: ¿quién es Jesús para ti hoy? Esta pregunta, lejos de ser abstracta, toca lo más íntimo de nuestra relación con Dios. Cristo no es solo una figura histórica o un personaje lejano; es el Hijo de Dios hecho hombre, que vino a revelarnos el amor del Padre y ofrecernos la salvación. Como lo relata el Evangelio según Juan: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16, RV60). Esta poderosa declaración resume la esencia misma de nuestra fe: Cristo es el don supremo de Dios, la fuente de nuestra esperanza y el camino hacia una vida plena.

Jesús: ¿Quién es Él para ti hoy?

El Cristo en las Escrituras: una revelación progresiva

Para comprender plenamente quién es Cristo, es esencial acudir a las Sagradas Escrituras. Desde el Antiguo Testamento, los profetas anuncian su venida. Isaías profetiza: «Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz» (Isaías 9:6, RV60). Esta profecía se cumple en Jesús de Nazaret, el Mesías esperado.

En el Nuevo Testamento, los Evangelios nos presentan a Cristo desde diferentes ángulos. Mateo enfatiza su realeza y su papel como nuevo Moisés; Marcos lo retrata como el Siervo sufriente; Lucas destaca su compasión por los excluidos; Juan, finalmente, revela su divinidad eterna. Cada uno de estos retratos nos ayuda a captar la riqueza de la persona de Cristo. Él es a la vez plenamente Dios y plenamente hombre, capaz de compadecerse de nuestras debilidades y ofrecernos una redención perfecta.

Cristo, nuestro mediador

El apóstol Pablo escribe a Timoteo: «Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre» (1 Timoteo 2:5, RV60). Esta verdad está en el corazón de nuestra fe: Cristo es el único puente entre la humanidad pecadora y un Dios santo. Con su muerte en la cruz y su resurrección, venció el pecado y la muerte, abriéndonos el acceso a la gracia divina. Recordar esta mediación única de Cristo es crucial. No hay camino hacia Dios fuera de él, y esta certeza nos ancla en una esperanza viva.

Cristo en la vida cotidiana: una presencia activa

Pero Cristo no es solo un personaje bíblico; está vivo y presente hoy por su Espíritu. Cada creyente está llamado a experimentar su presencia en las realidades concretas de la existencia. Ya sea en la alegría de un nacimiento, en la prueba de una enfermedad o en las decisiones diarias, Cristo nos acompaña. Él nos dice: «He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mateo 28:20, RV60). Esta promesa es una fuente inagotable de consuelo.

Detenerse para reconocer la presencia de Cristo puede transformar nuestro día a día. La oración, la lectura de la Biblia y la comunión fraterna son medios privilegiados para cultivar esta relación viva. Al meditar en las palabras de Cristo, descubrimos una guía segura para nuestras decisiones y una fuerza para superar las dificultades. Como dice el apóstol Pablo: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13, RV60).

Cristo, modelo de amor y servicio

Cristo nos dejó un ejemplo perfecto de amor y servicio. Lavó los pies de sus discípulos, sanó a los enfermos, perdonó a los pecadores y dio su vida por sus amigos. En un mundo donde el individualismo y la búsqueda de rendimiento a menudo nos alejan de los demás, su ejemplo nos llama a una vida de entrega y humildad. Seguir a Cristo implica amar como él amó, servir como él sirvió y poner nuestras vidas al servicio del prójimo. Esta es la esencia del discipulado cristiano.


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