El jueves 14 de mayo de 2026, una multitud de miles de personas se congregó en Ottawa, la capital de Canadá, para participar en la Marcha Nacional por la Vida. Provenientes de diversas regiones del país, los manifestantes recorrieron las calles desde la Colina del Parlamento hasta la calle Elgin, en una procesión que duró casi 25 minutos, llena de pancartas, oraciones y cánticos. El mensaje central era claro: pedir al Parlamento que recuerde el mandamiento bíblico: “No matarás”.
La marcha, que se celebra anualmente, reunió a familias, clérigos, jóvenes y adultos mayores, todos unidos en la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural. Muchos portaban carteles con frases como “Toda vida importa” y “Protege a los más vulnerables”. La organización destacó la diversidad de los asistentes, reflejando un amplio espectro de la sociedad canadiense comprometido con esta causa.
Un día de fe y acción
La jornada comenzó con celebraciones religiosas en importantes iglesias de Ottawa, como la Catedral de Notre Dame, la Basílica de San Patricio y la Parroquia de San Clemente. El arzobispo de Ottawa-Cornwall, monseñor Marcel Damphousse, presidió la liturgia en la catedral, acompañado por el nuncio apostólico, el arzobispo Ivan Jurkovič, el obispo católico ucraniano Bryan Bayda y decenas de clérigos. Estos servicios religiosos fortalecieron el espíritu de los participantes antes de la manifestación.
Al mediodía, los asistentes se reunieron para una concentración previa a la marcha. La organizadora Debbie Duval explicó la importancia de la fecha: “Elegimos este día para recordar al gobierno que la vida humana es sagrada desde su inicio hasta su fin natural. No podemos permitir que el aborto y la eutanasia sigan cobrando vidas sin que alcemos la voz”. Sus palabras resonaron entre la multitud, que respondió con aplausos y vítores.
La defensa de la vida en todas sus etapas
Canadá es uno de los pocos países sin leyes que regulen el aborto, lo que ha llevado a que se practique sin restricciones hasta el momento del nacimiento. Además, la eutanasia y el suicidio asistido son legales desde 2016, y recientemente se ampliaron los criterios para incluir a personas con enfermedades mentales. Esto ha generado una creciente preocupación entre grupos provida, que ven cómo se desprotege a los más vulnerables: los no nacidos, los ancianos y los enfermos.
La Marcha Nacional por la Vida busca precisamente visibilizar esta realidad. Como señaló un participante: “No se trata solo de una postura religiosa, sino de un derecho humano fundamental. Todos merecemos vivir, desde el vientre materno hasta la vejez”. La Biblia respalda esta visión: en el Salmo 139, el rey David declara: “Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre. Te alabo porque soy una creación admirable” (Salmo 139:13-14, NVI).
Otro pasaje clave es Jeremías 1:5, donde Dios dice: “Antes de formarte en el vientre te conocí, antes de que nacieras te aparté”. Estas escrituras recuerdan que la vida tiene un valor intrínseco desde la concepción, un principio que los manifestantes defienden con pasión.
El papel de la iglesia en la sociedad
La participación de líderes religiosos en la marcha subraya el compromiso de las iglesias con la defensa de la vida. El arzobispo Damphousse, en su homilía, instó a los fieles a ser “voces proféticas en medio de una cultura que a menudo desecha a los débiles”. Citando el Evangelio de Mateo, recordó que Jesús dijo: “Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos” (Mateo 19:14, NVI).
La Iglesia católica, junto con otras denominaciones cristianas, ha sido una fuerza constante en la promoción de la vida. Sin embargo, la marcha también contó con la participación de grupos ecuménicos, lo que demuestra que la defensa de la vida trasciende las divisiones denominacionales. En un mundo donde a menudo se prioriza la autonomía individual sobre el bien común, estas voces recuerdan que la verdadera libertad incluye la responsabilidad de proteger a los demás.
Un llamado a la conciencia
La Marcha Nacional por la Vida en Ottawa no solo fue una manifestación, sino un llamado a la conciencia de la sociedad canadiense y del mundo. Los organizadores esperan que el gobierno escuche y tome medidas para proteger la vida en todas sus etapas. Mientras tanto, los participantes se comprometen a seguir orando y actuando, confiando en que la justicia y la misericordia de Dios traerán un cambio.
“El que es justo se preocupa por la vida de sus animales, pero el corazón del malvado es cruel” (Proverbios 12:10, NVI).
Este versículo nos recuerda que la compasión debe extenderse a toda criatura, y especialmente a los seres humanos más indefensos. La marcha es un reflejo de esa compasión en acción.
Reflexión final
Al contemplar las imágenes de miles de personas caminando por las calles de Ottawa, uno no puede evitar preguntarse: ¿qué más podemos hacer para proteger la vida en nuestras comunidades? La respuesta no es sencilla, pero cada uno de nosotros puede contribuir. Ya sea orando, educando a otros, apoyando organizaciones provida o simplemente siendo una voz de esperanza en medio de la indiferencia, todos tenemos un papel que desempeñar.
Te invitamos a reflexionar sobre este pasaje bíblico: “Escoge, pues, la vida, para que vivan tú y tus descendientes” (Deuteronomio 30:19, NVI). ¿Cómo puedes tú, hoy, elegir la vida y defender a los que no tienen voz?
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