Nicaragua: cuando la fe se convierte en resistencia

Fuente: EncuentraIglesias Editorial

En Nicaragua, que alguna vez fue considerado uno de los baluartes católicos más fervientes de Centroamérica, la práctica religiosa se ha convertido en un acto de valentía. Desde hace varios años, el régimen sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo intensifica su represión contra la Iglesia católica, vista como una amenaza para su control total. Los arrestos de sacerdotes, las expulsiones de obispos y la prohibición de procesiones son ahora algo común. Los fieles son fotografiados durante la misa, sus homilías vigiladas. Para muchos, asistir a un culto implica un verdadero riesgo.

Nicaragua: cuando la fe se convierte en resistencia

El punto de inflexión se produjo en las protestas de abril de 2018. Lo que comenzó como una protesta contra una reforma de las pensiones se transformó en un amplio movimiento de oposición al régimen. La respuesta del poder fue brutal: cientos de muertos, miles de arrestos y exilios forzados. En medio del caos, la Iglesia abrió sus puertas a los heridos y perseguidos. Obispos intentaron mediar, sacerdotes denunciaron la violencia. Desde entonces, el régimen considera a la Iglesia como un enemigo político a eliminar.

Una persecución sistemática

La vigilancia es omnipresente. Los sacerdotes son seguidos, sus sermones grabados, sus movimientos controlados. Las iglesias a veces son cerradas bajo pretextos administrativos. Las reuniones religiosas están limitadas, las procesiones prohibidas. Los fieles que participan en actividades parroquiales corren el riesgo de ser fichados, acosados o incluso arrestados. Según informes de organizaciones de derechos humanos, varias decenas de sacerdotes han sido expulsados del país y algunos están encarcelados sin un juicio justo.

Esta represión es parte de una estrategia más amplia: eliminar cualquier institución capaz de contrarrestar el poder. La Iglesia católica, con su red de parroquias y escuelas, representa una fuerza social y moral que el régimen no puede tolerar. Al neutralizarla, Ortega espera consolidar su control sobre la sociedad nicaragüense.

El silencio del Vaticano

Ante esta situación, muchos católicos se preguntan: ¿por qué el Vaticano parece tan discreto? La prudencia diplomática de la Santa Sede es a menudo criticada. Sin embargo, hay que entender que el Vaticano busca preservar un espacio de diálogo, mientras apoya discretamente a la Iglesia local. Pero esta estrategia puede parecer tímida frente a la urgencia de la persecución. El papa León XIV, elegido en mayo de 2025, ha expresado su solidaridad con la Iglesia de Nicaragua, pero las acciones concretas tardan en llegar.

El valor de los cristianos

A pesar de todo, la Iglesia nicaragüense se mantiene firme. Muchos sacerdotes y laicos continúan celebrando la fe en la clandestinidad o bajo vigilancia constante. Las comunidades se reúnen en secreto, comparten la Palabra de Dios y se apoyan mutuamente. Su fe es un testimonio poderoso, que recuerda las palabras de Jesús: «Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mateo 5:10, RVR1960).

Los cristianos de Nicaragua nos enseñan que la fe no se vive solo en momentos de comodidad, sino también en la prueba. Su resistencia pacífica es una luz en las tinieblas de la opresión. Como escribe el apóstol Pablo: «Estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos» (2 Corintios 4:8-9, RVR1960).

¿Qué podemos hacer?

Como hermanos y hermanas en la fe, estamos llamados a apoyar a la Iglesia perseguida. La oración es nuestra primera arma. Oremos por los cristianos de Nicaragua, por su valentía y perseverancia. Oremos también por sus perseguidores, para que sus corazones sean tocados por la gracia de Dios.


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