En los últimos días, el estado de Chiapas, en el sur de México, ha sido escenario de graves actos violentos que han dejado a comunidades enteras sumidas en el dolor y la incertidumbre. Homicidios, personas heridas y desaparecidas han marcado la rutina de municipios como Nicolás Ruiz y Venustiano Carranza. Ante esta realidad, el obispo de San Cristóbal de las Casas, monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, ha alzado su voz para denunciar la falta de una estrategia efectiva por parte de las autoridades para combatir al crimen organizado.
El prelado, en un comunicado difundido el 27 de abril, expresó su cercanía con las familias afectadas y señaló que estos hechos ponen en evidencia que el gobierno no cuenta con un plan verdadero para enfrentar a los grupos delictivos. “Estos hechos violentos evidencian que desde el gobierno no se cuenta con una verdadera estrategia para combatir al crimen organizado y a los grupos delictivos”, afirmó.
La situación es crítica, y la Iglesia, como voz de los que sufren, no puede callar. En medio del dolor, recordamos las palabras de Jesús en el Evangelio de Mateo: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados” (Mateo 5:4, NVI). La esperanza cristiana nos invita a no perder la fe, incluso en los momentos más oscuros.
El llamado a la acción y la justicia
Monseñor Aguilar Martínez no solo denunció la violencia, sino que también hizo un llamado a las autoridades para que actúen con determinación. “A pesar del discurso de que en Chiapas no se iba a tolerar a los grupos del crimen, se ha constatado que estas organizaciones siguen operando y controlando los territorios de nuestro estado en completa impunidad”, declaró. La impunidad, señaló, genera amenaza, persecución, desapariciones y muerte.
La Iglesia católica en Chiapas ha sido constante en su denuncia de la violencia. Desde septiembre de 2023, los obispos de la región han advertido sobre la presencia de organizaciones criminales que operan sin control. Este nuevo episodio de violencia es una muestra de que la situación no ha mejorado, sino que se ha agravado.
Como cristianos, estamos llamados a ser agentes de paz y justicia. El profeta Miqueas nos recuerda: “Él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios” (Miqueas 6:8, RVR1960). Es tiempo de unirnos en oración y acción para que la paz reine en estas tierras.
La esperanza en medio del dolor
A pesar de la gravedad de los hechos, la fe nos sostiene. La comunidad cristiana en Chiapas no está sola; el Señor camina con ellos. En el Salmo 34:18 leemos: “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu” (RVR1960). La Iglesia está llamada a ser consuelo y apoyo para los que sufren, y a trabajar incansablemente por la justicia.
La violencia no tiene la última palabra. Como seguidores de Cristo, sabemos que la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no pueden vencerla (Juan 1:5). Es momento de orar por las víctimas, por sus familias y por las autoridades, para que tomen decisiones sabias y valientes.
Te invitamos a reflexionar: ¿cómo puedes ser un instrumento de paz en tu comunidad? La paz comienza con pequeños gestos de amor y justicia. No te canses de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharás si no desmayas (Gálatas 6:9).
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