El próximo 31 de mayo, iglesias de toda América Latina se unirán en una jornada especial de intercesión. No se trata de un evento más en el calendario eclesiástico; es el Domingo de la Iglesia Perseguida (DIP), una convocatoria que trasciende denominaciones y fronteras. Organizada por Puertas Abiertas, esta iniciativa busca poner el foco en aquellos hermanos y hermanas que sufren por su fe en regiones donde ser cristiano implica un riesgo constante.
Este año, la mirada se dirige con especial atención a dos naciones del Medio Oriente: Yemen y Siria. Son países marcados por conflictos armados, inestabilidad política y una creciente hostilidad hacia las comunidades cristianas. La invitación es clara: dedicar un día a clamar por ellos, pero también a informarnos y sensibilizarnos sobre su realidad.
Siria: una fe que resiste entre escombros
Siria fue durante siglos un lugar donde el cristianismo floreció. Sin embargo, la guerra civil que estalló en 2011 cambió drásticamente el panorama. Según datos de Puertas Abiertas, la población cristiana en el país se redujo de aproximadamente 2 millones en 2011 a solo 579 mil en la actualidad. Pastores y líderes locales ven cómo sus congregaciones se vacían, no por falta de fe, sino por la necesidad de huir de la violencia.
Las iglesias históricas aún existen y son reconocidas por el gobierno, pero la presión social y los ataques de grupos extremistas han obligado a muchos creyentes a buscar refugio en otros países. Los que se quedan enfrentan dificultades económicas, discriminación y el dolor de ver sus templos dañados o destruidos. La oración por Siria es un acto de esperanza en medio de la desolación.
«Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados» (Mateo 5:4, NVI).
Yemen: cristianos invisibles en tierra de conflicto
En Yemen, la situación es aún más compleja. Legalmente, todos los ciudadanos son considerados musulmanes, y no existe ninguna iglesia registrada en el país. Los cristianos yemeníes practican su fe en secreto, sin posibilidad de reunirse abiertamente. Declarar públicamente la fe en Cristo puede significar la pérdida del empleo, el rechazo familiar, la prisión o incluso la muerte.
La guerra civil que asola el país desde 2014 ha agravado la persecución. Los cristianos son discriminados en la distribución de ayuda humanitaria, y los extremistas los consideran blancos legítimos. A pesar de todo, la iglesia subterránea sigue creciendo, alimentada por el testimonio silencioso de hombres y mujeres que arriesgan todo por seguir a Jesús.
El costo del discipulado
Ser cristiano en Yemen implica vivir con un constante temor. Las amenazas provienen tanto de grupos armados como de la propia familia y la sociedad. Muchos han sido desheredados, golpeados o encarcelados. Sin embargo, su fe no se apaga. La historia de la iglesia primitiva se repite: donde la persecución es más intensa, la fe se vuelve más profunda.
«No teman a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma. Teman más bien al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno» (Mateo 10:28, NVI).
¿Cómo participar en el DIP 2026?
El Domingo de la Iglesia Perseguida es una oportunidad para que las congregaciones de toda América Latina se unan en un mismo espíritu de solidaridad. Puertas Abiertas ha preparado materiales gratuitos que incluyen guías de oración, testimonios y recursos multimedia. Las iglesias pueden inscribirse en su sitio web y descargar todo lo necesario para organizar un servicio especial.
No se trata solo de un día de oración, sino de un llamado a la acción. Conocer la realidad de los perseguidos nos mueve a interceder, pero también a apoyar proyectos de ayuda humanitaria y defensa de la libertad religiosa. Cada gesto cuenta: desde una oración en casa hasta una ofrenda especial para sostener a quienes arriesgan todo por el Evangelio.
Ideas para tu iglesia
- Organiza una vigilia de oración el sábado 30 de mayo.
- Comparte testimonios de cristianos perseguidos durante el servicio.
- Coloca un mapa de Medio Oriente en el altar y marca los países por los que oran.
- Invita a un misionero o líder que haya visitado la región a compartir su experiencia.
La esperanza que no se apaga
La persecución no es el final de la historia. La Biblia nos recuerda que la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no han podido vencerla (Juan 1:5). Cada cristiano perseguido es un testimonio vivo de que el amor de Dios es más fuerte que el odio humano. Al orar por ellos, nos unimos a una cadena de fe que cruza fronteras y siglos.
Este 31 de mayo, detente un momento. Piensa en esos hermanos y hermanas que no pueden adorar libremente. Ora por ellos, no solo con palabras, sino con el corazón dispuesto a actuar. Pregúntate: ¿qué puedo hacer yo para aliviar su carga? La respuesta puede ser más simple de lo que imaginas: orar, compartir, donar, hablar. Lo pequeño, en las manos de Dios, se vuelve inmenso.
«Acuérdense de los presos, como si ustedes estuvieran presos con ellos; y acuérdense de los que son maltratados, como si ustedes mismos sufrieran el maltrato» (Hebreos 13:3, NVI).
Que el Espíritu Santo nos mueva a la compasión y a la acción. Que no olvidemos a quienes pagan un precio tan alto por seguir a Jesús. Y que nuestra oración sea el primer paso hacia un mundo donde todos puedan adorar en libertad.
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