Cuando el Papa León XIV aceptó la renuncia del arzobispo Paolo Pezzi el 2 de mayo de 2026, muchos se preguntaron qué había llevado a un pastor de apenas 65 años a dejar su cargo. La Arquidiócesis de la Madre de Dios en Moscú no es una diócesis común: es una comunidad católica que vive como minoría en un país de mayoría ortodoxa, en medio de tensiones políticas y eclesiásticas que han marcado su historia. Después de casi dos décadas al frente, es comprensible que Pezzi haya sentido el peso de una responsabilidad que va más allá de lo administrativo.
El desgaste no solo es físico. En contextos como el ruso, un obispo debe ser pastor, diplomático y testigo de fe en un entorno que a menudo desconfía de lo extranjero. La Iglesia católica en Rusia ha enfrentado restricciones legales, suspicacias históricas y una escasez constante de sacerdotes y recursos. Pezzi llegó en 2007, cuando las relaciones entre la Iglesia católica y la ortodoxa rusa aún se estaban recomponiendo tras siglos de distancia. Su tarea era construir puentes sin perder la identidad.
¿Por qué renunciar a los 65 años?
El derecho canónico establece que los obispos deben presentar su renuncia al cumplir 75 años, pero también permite hacerlo antes por "causa grave" (canon 401 § 2). En el caso de Pezzi, esa causa no se ha hecho pública, pero los expertos señalan varias posibilidades: problemas de salud, agotamiento emocional o la necesidad de dar paso a un liderazgo más joven en una misión que exige energía renovada.
Lo cierto es que Pezzi no es el primer obispo en renunciar antes de la edad límite. En los últimos años, varios prelados han optado por el retiro anticipado ante el peso de gobernar diócesis complejas. La Iglesia reconoce que el bien del rebaño puede requerir un cambio de pastor, incluso si el actual aún tiene fuerzas. Como dice Proverbios 27:23 (NVI): "Procura conocer el estado de tus ovejas; cuida de tus rebaños". A veces, cuidar implica saber cuándo retirarse.
El contexto ruso: una iglesia entre dos mundos
Para entender la renuncia, hay que mirar el terreno donde Pezzi sembró. La Iglesia católica en Rusia es pequeña: apenas unos 600 mil fieles en un país de más de 140 millones de habitantes. Su historia está marcada por persecuciones, especialmente durante la era soviética, cuando muchos sacerdotes fueron ejecutados o enviados al exilio. Tras la caída del comunismo, la comunidad católica renació lentamente, pero siempre bajo la sombra de la Iglesia ortodoxa rusa, que goza de privilegios legales y una fuerte identidad nacional.
Pezzi, italiano de nacimiento, tuvo que aprender a moverse en este delicado equilibrio. Su arquidiócesis abarca todo el centro y norte de Rusia, con parroquias dispersas en ciudades como San Petersburgo y Vladivostok. Viajar entre ellas podía tomar días, y las autoridades a veces ponían trabas a los sacerdotes extranjeros. Era un trabajo de hormiga, hecho con paciencia y oración.
La sombra de la guerra en Ucrania
Desde 2022, la invasión rusa a Ucrania añadió una capa extra de tensión. La Iglesia católica en Rusia ha tratado de mantener una postura de paz, pero las críticas al gobierno son riesgosas. En 2024, el Papa Francisco (entonces en el cargo) había instado a un alto al fuego, lo que generó malestar en Moscú. Para Pezzi, pastorear a una comunidad que incluye tanto a rusos como a ucranianos católicos debió ser una tarea desgarradora. ¿Cómo predicar el amor al prójimo cuando la guerra divide a los propios fieles?
El desgaste emocional en estos casos es enorme. Un obispo no solo administra sacramentos; también escucha confesiones, consuela a familias rotas y media en conflictos. La Palabra de Dios nos recuerda en Gálatas 6:9 (RVR1960): "No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos". Pero hasta los más fuertes pueden desmayar.
La reacción de la comunidad católica en Rusia
La noticia de la renuncia cayó como un balde de agua fría entre los fieles. Muchos recordaban a Pezzi como un pastor cercano, que aprendió ruso y celebraba misa en las lenguas locales. En una entrevista de 2023, había dicho: "Aquí cada persona es un milagro. Mantener viva la fe en un entorno tan difícil me llena de gratitud". Por eso, su partida deja un vacío.
Sin embargo, la Iglesia no se detiene. El Papa León XIV ya ha nombrado un administrador apostólico mientras se busca un sucesor. Se espera que el nuevo arzobispo conozca bien la realidad rusa y pueda continuar el diálogo con la Iglesia ortodoxa. En el horizonte, hay esperanza: las relaciones entre católicos y ortodoxos han mejorado en los últimos años, y ambos comparten la meta de la unidad cristiana.
Lecciones para todos los creyentes
La historia de Pezzi nos invita a reflexionar sobre el liderazgo en la Iglesia. No se trata de fama o poder, sino de servicio. Como Jesús enseñó en Marcos 10:45 (NVI): "Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos". A veces, servir implica saber cuándo es momento de soltar.
Para ti, querido lector, esta noticia puede ser un recordatorio de que todos tenemos límites. No está mal reconocer el cansancio o pedir ayuda. La comunidad de fe está para sostenernos. ¿Hay algo en tu vida que te esté agotando espiritualmente? Tal vez sea tiempo de buscar un respiro, orar por sabiduría o, como Pezzi, dar un paso al costado para que otros puedan seguir adelante.
Al final, la Iglesia es de Cristo, no de los obispos. Como dice el Salmo 127:1 (RVR1960): "Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican". Confiemos en que, bajo la guía del Espíritu Santo, la arquidiócesis de Moscú encontrará un nuevo pastor que continúe la obra de amor y unidad.
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