Del 15 al 18 de mayo, la sede del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam) en Bogotá se convirtió en el epicentro de un diálogo teológico sin precedentes. Teólogos, pastoralistas y especialistas de diversas regiones del mundo se dieron cita para reflexionar sobre la sinodalidad, esa forma de ser Iglesia que el Papa Francisco impulsó con fuerza y que el actual pontífice, León XIV, continúa promoviendo como un camino de escucha y comunión.
Bajo el lema “Sinodalizar, sinodalizándonos”, los participantes no solo discutieron conceptos, sino que vivieron la experiencia de caminar juntos. El encuentro buscó traducir las reflexiones del Sínodo sobre la Sinodalidad en acciones concretas para las comunidades de fe, especialmente en el contexto latinoamericano y caribeño.
¿Qué significa realmente la sinodalidad?
La sinodalidad no es una simple estructura organizativa; es una dimensión constitutiva de la Iglesia. Como recordó el Papa Francisco en su magisterio, “el camino de la sinodalidad es precisamente el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”. Este concepto implica que todos los bautizados —laicos, consagrados y ministros ordenados— participan activamente en la misión y en la toma de decisiones, guiados por el Espíritu Santo.
En palabras del apóstol Pablo, “así como cada uno de nosotros tiene un solo cuerpo con muchos miembros, y estos miembros no tienen todos la misma función, así nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a los demás” (Romanos 12:4-5, NVI). La sinodalidad nos recuerda que cada miembro del cuerpo de Cristo tiene un don único que aportar.
Raíces bíblicas de la sinodalidad
La práctica de “caminar juntos” tiene profundas raíces en las Escrituras. En el libro de los Hechos de los Apóstoles, vemos cómo la primera comunidad cristiana se reunía para discernir la voluntad de Dios, como en el Concilio de Jerusalén (Hechos 15). Allí, apóstoles y presbíteros, junto con toda la iglesia, deliberaron y llegaron a un consenso bajo la guía del Espíritu Santo.
Jesús mismo enseñó a sus discípulos a escucharse mutuamente: “Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndelo a solas. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano” (Mateo 18:15, RVR1960). Este principio de corrección fraterna y diálogo es un pilar de la sinodalidad.
Los frutos del encuentro en Bogotá
Durante estos días, los asistentes trabajaron en mesas de diálogo, talleres y momentos de oración comunitaria. Se abordaron temas como la implementación de estructuras sinodales en las diócesis, la formación de agentes pastorales y la necesidad de una escucha auténtica hacia las periferias existenciales.
Uno de los resultados más significativos fue la elaboración de una hoja de ruta para que las conferencias episcopales de América Latina y el Caribe puedan integrar la sinodalidad en sus planes pastorales. Además, se enfatizó la importancia de involucrar a los jóvenes, las mujeres y las comunidades indígenas en los procesos de discernimiento eclesial.
El papel de los laicos en la Iglesia sinodal
Un tema recurrente fue el protagonismo de los laicos. Como señala el Concilio Vaticano II, los fieles laicos participan de la misión profética, sacerdotal y real de Cristo. En una Iglesia sinodal, su voz no solo es escuchada, sino que es esencial para el discernimiento comunitario.
“Ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9, NVI).
Este versículo nos recuerda que todos los bautizados son corresponsables de la misión de la Iglesia. El encuentro en Bogotá subrayó que la sinodalidad no es una opción, sino una exigencia del Evangelio.
Desafíos y esperanzas para el futuro
A pesar del entusiasmo, los participantes reconocieron los desafíos que enfrenta la implementación de la sinodalidad. Entre ellos, la resistencia al cambio, la falta de formación y la necesidad de convertir las estructuras eclesiales en espacios más participativos.
Sin embargo, la esperanza prevaleció. El cardenal Robert Francis Prevost, hoy Papa León XIV, ha manifestado su compromiso de continuar el camino sinodal iniciado por su predecesor. En su primera exhortación apostólica, escribió: “La sinodalidad no es una moda pasajera; es el estilo permanente de la Iglesia que camina en la historia guiada por el Espíritu”.
Una llamada a la acción para las comunidades
El encuentro concluyó con un llamado a que cada parroquia, movimiento y comunidad eclesial se convierta en un taller de sinodalidad. Esto implica crear espacios de escucha, promover el diálogo intergeneracional y abrirse a la diversidad de carismas.
Como dice el Salmo 133: “¡Mirad cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos convivan en armonía!” (RVR1960). La sinodalidad es precisamente eso: aprender a vivir en armonía, reconociendo que el Espíritu habla a través de cada uno.
Preguntas para la reflexión personal y comunitaria
Después de conocer este encuentro, te invitamos a reflexionar: ¿En tu comunidad se promueve la escucha activa de todos los miembros? ¿Estás dispuesto a caminar junto a otros, incluso cuando piensan diferente? ¿Cómo puedes contribuir a que tu iglesia local sea más sinodal?
La sinodalidad no es solo un tema de teólogos; es una invitación para cada cristiano. Como dijo Jesús: “Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20, NVI). Que este encuentro en Bogotá inspire a nuestras comunidades a vivir más profundamente la comunión, la participación y la misión.
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