La historia de San Matías es un recordatorio de que Dios siempre tiene un plan, incluso en medio de la traición y la pérdida. Después de que Judas Iscariote traicionara a Jesús y pusiera fin a su vida, los once apóstoles se enfrentaron a una tarea difícil: restaurar el número original del colegio apostólico. Fue entonces cuando Pedro, guiado por el Espíritu Santo, propuso elegir a un reemplazo entre aquellos que habían seguido a Jesús desde el bautismo de Juan hasta el día de la ascensión.
La elección recayó en dos hombres: José, llamado Barsabás (también conocido como Justo), y Matías. Tras orar, echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías, quien fue contado como uno de los doce apóstoles (Hechos 1:15-26). Este proceso nos enseña que la voluntad de Dios se manifiesta de maneras que a veces no comprendemos, pero que siempre son perfectas.
Un discípulo fiel desde el principio
Según la tradición, San Matías fue uno de los setenta y dos discípulos que Jesús envió a predicar de dos en dos, como lo narra Lucas 10:1-3. En aquella ocasión, el Señor les dijo: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos». Estas palabras marcaron profundamente a Matías, quien las llevó en su corazón durante toda su vida.
San Clemente de Alejandría, un destacado teólogo de los primeros siglos, menciona que Matías solía repetir una enseñanza de Jesús: «Es necesario mortificar la carne para dominar la pasión sensible». Esta frase refleja la importancia de la disciplina espiritual y el dominio propio, virtudes que Matías practicó y predicó incansablemente.
Un ministerio de entrega total
Después de recibir el Espíritu Santo en Pentecostés, Matías se dedicó a anunciar el evangelio con valentía. Las tradiciones cuentan que predicó primero en Judea y luego viajó a regiones más lejanas, como Capadocia (en la actual Turquía) y la costa del mar Caspio. Finalmente, llegó a Cólquida, una región que hoy corresponde a Georgia, donde enfrentó el martirio por su fe en Cristo.
Se dice que su cuerpo fue llevado a Jerusalén y, más tarde, la madre del emperador Constantino, Santa Elena, lo trasladó a Roma. Aunque los detalles históricos son inciertos, lo que sí sabemos es que Matías dio su vida por el Señor, siguiendo el ejemplo de su Maestro.
Lecciones para nuestra vida
La historia de San Matías nos invita a reflexionar sobre nuestra propia vocación. Así como él fue elegido para ocupar un lugar vacío, cada uno de nosotros tiene un propósito único en el plan de Dios. No importa si nos sentimos «suplentes» o «de reemplazo»; lo importante es estar dispuestos a servir con humildad y entrega.
Además, su ejemplo nos anima a perseverar en la fe, incluso cuando las circunstancias son difíciles. Matías no buscó fama ni reconocimiento; simplemente obedeció al llamado y cumplió su misión hasta el final. ¿Estamos nosotros dispuestos a hacer lo mismo?
Una oración para pedir la intercesión de San Matías
Señor, tú que elegiste a San Matías para completar el grupo de los apóstoles, concédenos la gracia de ser fieles a tu llamado. Ayúdanos a mortificar nuestras pasiones y a vivir con la misma entrega que él demostró. Que su ejemplo nos inspire a anunciar tu evangelio con valentía y a confiar en que tú siempre tienes un plan para nuestras vidas. Amén.
«La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha». (Lucas 10:2, NVI)
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