En el corazón del Centro Histórico de la Ciudad de México, tres templos que han sido testigos de siglos de fe estaban sumidos en el abandono. Basura acumulada por décadas, vasos sagrados deteriorados y un ambiente que no reflejaba la majestad de Dios. Eso fue lo que encontró el padre Adrián Huerta cuando asumió la responsabilidad de la parroquia de San Sebastián Mártir en octubre de 2024. Pero en menos de un año, la historia ha cambiado radicalmente.
El padre Huerta no es ajeno a los desafíos de la restauración. Anteriormente, estuvo al frente de la parroquia San Bernardino de Siena en Xochimilco, que hoy es catedral, y también sirvió en la Antigua Basílica de Guadalupe. Su experiencia lo llevó a enfrentar esta nueva misión con determinación y fe.
Las iglesias rescatadas
Los tres templos que forman parte de este proyecto de restauración son la iglesia parroquial de San Sebastián Mártir, la rectoría de Santa Teresa la Nueva y el Santuario de Nuestra Señora de Loreto. Cada una tiene una historia única y un valor incalculable para la comunidad católica de México.
San Sebastián Mártir
Fundada por el franciscano Fray Pedro de Gante en el siglo XVI, San Sebastián Mártir es una de las primeras iglesias católicas construidas en la Ciudad de México. Su arquitectura colonial y su importancia histórica la convierten en un tesoro nacional. Sin embargo, el paso del tiempo y la falta de mantenimiento la habían llevado a un estado lamentable.
Santa Teresa la Nueva
Este templo, dedicado a Santa Teresa de Ávila, es conocido por su estilo barroco y su impresionante fachada. Durante años, permaneció cerrado al público debido al deterioro, pero ahora está siendo restaurado para volver a ser un espacio de oración y encuentro comunitario.
Santuario de Nuestra Señora de Loreto
El Santuario de Nuestra Señora de Loreto es un lugar de peregrinación para muchos fieles. Su cúpula y sus altares dorados son muestra de la devoción mariana en México. La restauración de este santuario busca devolverle su esplendor original.
El proceso de restauración
El padre Huerta comenzó por lo más importante: dignificar el altar. “Lo primero que hicimos fue dorar con baño de oro los vasos sagrados, porque estaban en un deterioro muy triste, indigno para el Cuerpo y la Sangre del Señor”, explicó en una entrevista. A partir de ahí, se enfocó en la limpieza profunda, la restauración de imágenes y la reparación de instalaciones eléctricas y de plomería.
La comunidad se ha unido a este esfuerzo, donando tiempo y recursos. Grupos de voluntarios han organizado jornadas de limpieza y recaudación de fondos. “Ver cómo la gente se involucra es una bendición”, comentó el padre. “Esto no es solo restaurar edificios, es restaurar la fe”.
La importancia de preservar el patrimonio eclesial
Estas iglesias no son solo estructuras de piedra y argamasa; son testimonios vivos de la historia de la Iglesia en México. En un mundo que cambia rápidamente, mantener estos espacios sagrados es una forma de honrar a quienes nos precedieron en la fe y de legar un patrimonio a las futuras generaciones.
“Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”. (Mateo 6:21, NVI)
La restauración de estos templos nos recuerda que nuestra fe no es abstracta, sino que se encarna en lugares concretos donde la comunidad se reúne para alabar a Dios. Cuidar de estos espacios es una responsabilidad compartida.
Reflexión final
La historia del padre Adrián Huerta nos invita a preguntarnos: ¿qué áreas de nuestra vida espiritual están en abandono? ¿Qué “basura acumulada por décadas” necesitamos limpiar para que nuestra fe brille nuevamente? Así como estos templos están siendo restaurados, cada uno de nosotros puede permitir que Dios renueve nuestro corazón.
Te animamos a visitar alguna de estas iglesias si estás en la Ciudad de México, o a apoyar iniciativas de restauración en tu comunidad. Cada pequeño gesto cuenta para mantener viva la llama de la fe.
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