Perfiles raciales en las fronteras europeas: un desafío a la dignidad humana

Fuente: EncuentraIglesias Editorial

Según un informe reciente de la Red Europea contra el Racismo (ENAR), titulado "Raceless in Name Only", la profilación racial es una práctica común en varias fronteras de la Unión Europea. El estudio, realizado entre junio de 2024 y diciembre de 2025, analizó cinco pasos fronterizos (alemán-austriaco, alemán-checo, italo-francés, croata-esloveno y la región vasca) y tres países miembros (Chipre, Francia y Grecia). Los investigadores documentaron numerosos casos en los que viajeros con rasgos no europeos son detenidos, controlados y a veces rechazados, mientras que personas de apariencia "europea" transitan sin obstáculos, incluso si no tienen documentos.

Perfiles raciales en las fronteras europeas: un desafío a la dignidad humana

Esta disparidad de trato no es una aberración, sino que parece ser parte de un sistema más amplio, moldeado por "continuidades coloniales y jerarquías raciales", como señala el informe. Los testimonios recogidos son dramáticos: un ciudadano de Gambia, residente en Brescia y con un permiso de residencia en proceso de renovación, fue esposado y arrestado por la policía francesa mientras intentaba tomar un autobús a Marsella. "La policía francesa es mucho peor que la italiana", contó. "No tengo intención de pedir limosna, tengo trabajo, tengo dinero, solo quiero irme de vacaciones. Si pides ir al baño, no te escuchan, te tratan como a un animal".

En otro episodio, en la estación de Menton-Garavan, en la frontera franco-italiana, algunos viajeros suizos que se habían declarado sin documentos fueron dejados pasar con un simple "no problem". Las únicas personas que fueron controladas y obligadas a bajar del tren fueron tres de origen africano. Estos ejemplos muestran cómo el color de la piel y el origen étnico se convierten en criterios implícitos para la aplicación de las normas fronterizas.

La perspectiva cristiana: cada persona es creada a imagen de Dios

Ante estas injusticias, la fe cristiana nos ofrece una lente a través de la cual leer la realidad. La Biblia nos recuerda que todo ser humano es creado a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:27). Esta verdad fundamental implica que nadie puede ser discriminado por su etnia, color de piel o procedencia. San Pablo, en su carta a los Gálatas, afirma: "Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gálatas 3:28).

La profilación racial no es solo una violación de los derechos humanos, sino también un pecado contra la dignidad de la persona. Niega la igualdad fundamental que Dios ha establecido entre los seres humanos. Como cristianos, estamos llamados a ser voz para los que no tienen voz y a defender los derechos de los más débiles. El profeta Isaías nos exhorta: "Aprended a hacer el bien, buscad la justicia, socorred al oprimido, haced justicia al huérfano, defended la causa de la viuda" (Isaías 1:17).

El llamado a la justicia y la misericordia

La Iglesia, como comunidad de fe, tiene la tarea de promover la justicia y la reconciliación. El Papa Francisco, antes de su fallecimiento, denunció repetidamente el racismo como un "virus" que se esconde en los corazones y en las estructuras sociales. Su sucesor, el Papa León XIV, ha continuado en esta línea, subrayando la importancia de acoger al extranjero como a un hermano. En su mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2025, afirmó: "No podemos cerrar los ojos ante quienes huyen de la guerra, el hambre o la persecución. Toda persona tiene derecho a buscar una vida digna, y nosotros tenemos el deber de ofrecer acogida y solidaridad".

El informe de ENAR nos interpela directamente: como comunidades cristianas, ¿qué podemos hacer para contrarrestar la profilación racial? En primer lugar, debemos informarnos y sensibilizar a nuestras comunidades sobre el problema. Luego, podemos apoyar a organizaciones que trabajan por los derechos de los migrantes y refugiados. También podemos orar por la justicia y la paz en nuestras fronteras. Finalmente, debemos examinar nuestros propios prejuicios y abrir nuestros corazones al amor de Cristo, que nos llama a ver a cada persona como un hermano o una hermana.

La profilación racial es una herida en el cuerpo de Cristo. Pero, con la ayuda de Dios, podemos ser instrumentos de sanación y esperanza. Que el Espíritu Santo nos guíe en este camino de justicia y misericordia.


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