El 21 de abril de 2025, el Papa Francisco partió a la casa del Padre. Un año después, durante su viaje a África, el Papa León XIV tomó conscientemente este aniversario como una oportunidad para honrar el legado de su predecesor. Durante el vuelo a Guinea Ecuatorial, el nuevo Papa recordó las profundas huellas que Francisco dejó en la Iglesia y en el mundo. Este gesto de memoria es más que un deber formal; es una expresión de continuidad y gratitud hacia un hombre cuyo pontificado estuvo marcado por un espíritu especial.
El Papa León XIV enfatizó que Francisco regaló a la Iglesia dones invaluables a través de toda su vida, su testimonio personal, sus palabras y sus acciones. Destacó especialmente la cercanía vivida con las personas al margen de la sociedad. Esta opción por los pobres, enfermos, niños y ancianos no fue un programa, sino una actitud que brotó del corazón del Evangelio. "Él nos dio el ejemplo de su vida y de su predicación", dijo León XIV, estableciendo así un estándar que sigue vigente hoy.
El corazón del legado: El mensaje de la misericordia
Central en la obra del Papa Francisco estuvo el anuncio de la misericordia divina. El Papa León XIV se refirió especialmente a este núcleo en sus palabras de recuerdo. Francisco, dijo, renovó en toda la Iglesia la conciencia del mensaje del amor inmensurable de Dios, su bondad perdonadora y su atención misericordiosa. Un punto culminante de este anuncio fue el Jubileo Extraordinario de la Misericordia 2015/2016, cuyos efectos perduran hasta hoy.
Esta temática encuentra su anclaje bíblico más profundo. El evangelista Lucas pone en boca de Jesús: "Sean misericordiosos, como también su Padre es misericordioso" (Lucas 6,36; Biblia Latinoamericana). Y en la carta a los Efesios se lee: "Pero Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos por nuestros pecados" (Efesios 2,4-5a; Biblia de Jerusalén). El legado de Francisco invita a cada creyente no solo a recibir este amor misericordioso de Dios, sino también a transmitirlo.
"Sean misericordiosos, como también su Padre es misericordioso" (Lucas 6,36; Biblia Latinoamericana)
Fraternidad y respeto como consecuencia vivida
De la misericordia de Dios experimentada nace una nueva actitud entre las personas. El Papa León XIV valoró que Francisco siempre quiso promover un respeto auténtico por cada hombre y cada mujer. Este respeto es la base para un espíritu de fraternidad, profundamente enraizado en el Evangelio. Se trata del reconocimiento de la dignidad inalienable de cada persona, independientemente de su origen, estatus o fe.
Esta visión de un mundo fraterno está en sintonía con el testimonio apostólico. El apóstol Pedro escribe: "Finalmente, sean todos de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos, humildes" (1 Pedro 3,8; Biblia de Jerusalén). La Iglesia está llamada a vivir anticipadamente este espacio de fraternidad y a llevarlo a la sociedad. El pontificado de Francisco fue un impulso poderoso en esta dirección.
El viaje en África: La Iglesia al servicio de las personas
Las palabras en memoria de Francisco fueron pronunciadas durante el viaje apostólico del Papa León XIV a África. Las conversaciones posteriores con periodistas sobre su visita a Angola mostraron cómo las preocupaciones fundamentales de su predecesor siguen influyendo en el trabajo pastoral actual. Las preguntas tocaron el compromiso práctico de la Iglesia en el mundo.
Sobre la colaboración entre la Iglesia y el Estado, el Papa León enfatizó que ambos pueden y deben trabajar juntos por el bien de las personas, pero preservando sus respectivos roles y competencias diferentes. La Iglesia aporta su testimonio moral y su compromiso con la dignidad humana, especialmente con los más vulnerables. El Estado, por su parte, tiene la responsabilidad de crear estructuras justas y promover el bien común. Esta distinción clara, pero colaborativa, es esencial para un servicio auténtico a la humanidad.
La visita a África subraya así la continuidad en la misión: una Iglesia que, siguiendo el ejemplo de Francisco y guiada ahora por León XIV, busca estar cerca, servir y anunciar la misericordia de Dios en todos los rincones del mundo, especialmente donde el sufrimiento y la esperanza se encuentran.
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