Durante la 70ª sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW), celebrada en Nueva York en marzo de 2025, ocurrió algo sin precedentes: se presentó un borrador de resolución que busca definir oficialmente el término 'género' como referido exclusivamente a 'hombres y mujeres'. Esta propuesta, impulsada por la delegación de Estados Unidos, pretende volver a la definición establecida en la Plataforma de Acción de Pekín de 1995, donde el género se entendía en relación con los dos sexos biológicos.
Para muchos cristianos, esta noticia resuena con las enseñanzas bíblicas sobre la creación. Como leemos en Génesis 1:27 (NVI): 'Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios; hombre y mujer los creó'. La claridad terminológica en un organismo internacional como la ONU puede tener implicaciones profundas para la forma en que se abordan temas de familia, educación y derechos humanos en todo el mundo.
¿Por qué es importante esta propuesta?
En los últimos años, el término 'género' ha sido objeto de múltiples interpretaciones en documentos internacionales, generando confusión y desacuerdo entre los Estados miembros. La propuesta presentada en la CSW busca poner fin a esa ambigüedad, anclando el concepto a la realidad biológica. Para organizaciones cristianas y grupos provida, este es un paso significativo hacia la protección de la familia y la dignidad humana desde una perspectiva basada en la creación.
Sin embargo, la iniciativa no estuvo exenta de controversia. Aunque no llegó a votarse debido a una moción de 'no acción', el simple hecho de que se registrara formalmente marca un antes y un después en el debate global. Como cristianos, estamos llamados a orar por nuestros líderes y a involucrarnos en estos diálogos con sabiduría y amor. Proverbios 2:6 (RVR1960) nos recuerda: 'Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia'.
Implicaciones para la fe cristiana
La definición de género no es solo un asunto político; toca la esencia de cómo entendemos la identidad humana. La Biblia nos enseña que Dios nos creó intencionalmente como varón y mujer, cada uno con un propósito y valor únicos. En un mundo donde las ideologías a menudo intentan borrar estas distinciones, la propuesta de la ONU puede ser una oportunidad para reafirmar la verdad bíblica con gracia y respeto.
Es importante recordar que, como seguidores de Cristo, nuestra respuesta debe ser siempre de amor. Jesús nos llamó a ser 'la luz del mundo' (Mateo 5:14), no a imponer nuestras creencias, sino a vivir de manera que otros vean el amor de Dios en nosotros. Esto significa dialogar con respeto, incluso cuando no estamos de acuerdo, y buscar el bienestar de todos, especialmente de los más vulnerables.
Reflexión práctica
¿Cómo podemos aplicar esto en nuestra vida diaria? Primero, informémonos bien sobre los temas que afectan a nuestra sociedad. Segundo, oremos por nuestros gobernantes y por aquellos que toman decisiones en organismos internacionales. Tercero, busquemos ser agentes de reconciliación, mostrando el amor de Cristo en medio de debates polarizados. Como dice Colosenses 4:6 (NVI): 'Que su conversación sea siempre amable y sazonada con sal, para que sepan cómo deben responder a cada uno'.
Al final, nuestra esperanza no está en resoluciones políticas, sino en el Reino de Dios. Pero mientras vivimos en este mundo, estamos llamados a ser sal y luz, defendiendo la verdad con humildad y amor.
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