Nicaragua: el silencio que grita la persecución contra la Iglesia

Fuente: EncuentraIglesias Editorial

En medio de la creciente represión en Nicaragua, la voz de los católicos perseguidos parece ahogarse en un silencio que duele. Rosalía Gutiérrez-Huete Miller, presidenta de la Coalición por la Libertad de Nicaragua, alzó la voz en un panel en Washington D.C., denunciando que la comunidad internacional guarda silencio ante el asedio sistemático contra la Iglesia Católica en su país. “Todo tiene que ser revisado por el gobierno, especialmente lo que los sacerdotes van a predicar el domingo”, afirmó, describiendo cómo espías del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo se infiltran en las iglesias para grabar las homilías y controlar el mensaje.

Nicaragua: el silencio que grita la persecución contra la Iglesia

La situación es tan grave que, según Miller, el obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio José Báez, resumió la realidad de la Iglesia con una sola palabra: “Silencio”. Un silencio impuesto por el miedo, pero también un silencio que clama al cielo, como lo expresa el Salmo 39:12: “Escucha mi oración, Señor; presta oído a mi clamor; no te calles ante mis lágrimas”.

La fe bajo vigilancia

La persecución no se limita a la vigilancia. Los sacerdotes son obligados a entregar informes semanales de sus actividades, y cualquier variación en la homilía puede tener consecuencias graves. El régimen ha revocado la ciudadanía a opositores, como la propia Miller, y ha cerrado medios de comunicación católicos, como Radio Católica y la emisora de la Universidad Centroamericana. La Iglesia, que históricamente ha sido voz de los pobres y defensora de los derechos humanos, se ha convertido en un blanco directo.

En medio de esta presión, algunas confesiones cristianas han optado por colaborar con el gobierno para evitar la persecución. Sin embargo, la Iglesia Católica se mantiene firme, aunque en silencio forzado. Jesús mismo advirtió a sus discípulos: “Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán” (Juan 15:20). Esta realidad se vive hoy en Nicaragua, donde los fieles se reúnen en secreto, temiendo represalias.

El informe de la ONU

El panel del 29 de mayo en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) se realizó tras la publicación del informe de la Red de Expertos en Derechos Humanos de la ONU (GHREN) de marzo de 2026, que detalla la represión sistemática en Nicaragua. El documento señala violaciones a la libertad de culto, detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas. La comunidad internacional, sin embargo, ha respondido con tibieza, lo que Miller califica de “cómplice silencio”.

La Biblia nos recuerda que “el justo clama, y el Señor lo oye” (Salmo 34:17). Pero también nos llama a ser voz de los que no tienen voz. Proverbios 31:8-9 dice: “Abre tu boca por el mudo, en el juicio de todos los desvalidos. Abre tu boca, juzga con justicia, y defiende la causa del pobre y del menesteroso”.

El poder del silencio y la oración

En medio de la persecución, los cristianos nicaragüenses han aprendido que el silencio puede ser una forma de resistencia. No es un silencio de cobardía, sino de prudencia y confianza en Dios. Como dice el Salmo 46:10: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios”. La oración se ha convertido en su refugio y fortaleza.

Muchos fieles se reúnen en casas particulares para celebrar la Eucaristía, arriesgándose a ser descubiertos. La Iglesia primitiva también enfrentó persecución y se reunía en secreto. Hechos 2:46-47 describe cómo “perseveraban unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón”. Esa misma fe sostiene hoy a los nicaragüenses.

Un llamado a la solidaridad

Como hermanos en Cristo, estamos llamados a no permanecer indiferentes. La situación en Nicaragua nos interpela: ¿qué estamos haciendo para apoyar a quienes sufren por su fe? El apóstol Pablo nos exhorta en Romanos 12:15: “Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran”. La solidaridad puede expresarse en oración, en difundir la verdad y en presionar a los gobiernos para que actúen.

La persecución no es nueva en la historia de la Iglesia. Desde los primeros mártires hasta nuestros días, miles de cristianos han dado su vida por el Evangelio. Jesús dijo: “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:10). Los nicaragüenses perseguidos son bienaventurados, y nosotros debemos acompañarlos.

Reflexión final

El silencio de la Iglesia en Nicaragua no es un silencio de derrota, sino un grito que clama justicia desde lo profundo. Como cristianos, tenemos la responsabilidad de romper nuestro propio silencio y alzar la voz por ellos. Te invito a orar por Nicaragua, a informarte sobre la situación y a compartir esta realidad con otros. ¿Qué puedes hacer tú hoy para ser voz de los que callan?

“El Señor está cerca de los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu.” (Salmo 34:18, RVR1960)

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Preguntas frecuentes

¿Por qué el régimen de Ortega persigue a la Iglesia Católica?
El gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo ve a la Iglesia Católica como una amenaza a su poder, ya que históricamente ha denunciado injusticias y defendido los derechos humanos. La persecución busca silenciar cualquier voz crítica.
¿Qué pueden hacer los cristianos fuera de Nicaragua para ayudar?
Pueden orar por los perseguidos, difundir información veraz sobre la situación, apoyar organizaciones que trabajan por la libertad religiosa y presionar a sus gobiernos para que tomen medidas diplomáticas.
¿La persecución en Nicaragua afecta a otras denominaciones cristianas?
Sí, aunque la Iglesia Católica es el blanco principal, otras iglesias evangélicas también han sufrido restricciones. Algunas han optado por colaborar con el régimen para evitar represalias, pero la libertad religiosa está gravemente limitada para todos.
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