Las estadísticas son claras: las mujeres estudian más, se gradúan con mejores notas y en menos tiempo, incluso en carreras STEM. Sin embargo, al entrar al mundo laboral, se topan con un muro invisible. Salarios más bajos, menos oportunidades de ascenso, y la maternidad que a menudo se convierte en un obstáculo insuperable. El reciente informe "La columna invisible" del Centro de Antropología de la Religión y Estudios Generativos de la Universidad Católica del Sagrado Corazón, presentado en Roma, denuncia esta realidad con datos e historias. Como cristianos, estamos llamados a preguntarnos: ¿cómo podemos contribuir a transformar esta injusticia?
La paradoja de la "columna invisible"
El título del informe, "La columna invisible", es una metáfora poderosa. Las mujeres son el pilar de la sociedad – en las familias, las comunidades, las iglesias – pero su contribución a menudo se da por sentada, se vuelve invisible. Como leemos en el libro de Proverbios: "La mujer sabia edifica su casa" (Proverbios 14:1). Este papel fundamental no debería quedar en la sombra, sino ser valorado y apoyado.
El informe destaca que el problema no es solo el acceso al trabajo, sino la calidad de la participación. Las mujeres están sobrerrepresentadas en trabajos precarios, tiempo parcial involuntario y con salarios inferiores. La premio Nobel Claudia Goldin ha mostrado cómo el desafío se ha desplazado del acceso a la conciliación entre carrera y familia. Un puente inconcluso: por un lado, mujeres cada vez más calificadas; por otro, una organización del trabajo anclada en modelos del siglo XX.
Generatividad: un nuevo paradigma económico
El informe propone un cambio de paradigma: pasar de una economía basada en la productividad a una centrada en la generatividad. ¿Qué significa? Poner en el centro a las personas, las relaciones, la familia. No se trata solo de "ayudar" a las mujeres, sino de repensar el sistema. Como decía el Papa Francisco (y ahora nuestro amado Papa León XIV continúa por ese camino), la economía debe estar al servicio del ser humano, no al revés. La generatividad es un concepto profundamente bíblico: "Sed fecundos y multiplicaos" (Génesis 1:28) no se refiere solo a la procreación, sino a la capacidad de crear vida y valor en todos los ámbitos.
La Iglesia, como comunidad, puede ser un laboratorio de este nuevo modelo. Las parroquias y movimientos pueden promover horarios flexibles, servicios de cuidado compartidos y valorar la contribución femenina en todos los ministerios. No se trata de una simple cuestión de "cuotas", sino de reconocer que sin la plena participación de las mujeres, la comunidad cristiana se empobrece.
El papel de la maternidad
La maternidad a menudo se ve como un obstáculo para la carrera. En cambio, debería ser reconocida como una escuela de habilidades valiosas: organización, empatía, capacidad de multitarea. La Biblia elogia a la mujer que "se ciñe de fuerza y fortalece sus brazos" (Proverbios 31:17). Las madres que trabajan no son menos, pero necesitan un contexto que las apoye. Licencias parentales equitativas, servicios de cuidado infantil accesibles y una cultura que no penalice a quienes eligen tener hijos.
Un llamado a la conversión personal y comunitaria
El cambio no puede venir solo desde arriba. Cada uno de nosotros puede marcar la diferencia. En familia, compartiendo equitativamente las tareas domésticas. En la parroquia, asegurando que las mujeres tengan voz en los consejos pastorales. En el trabajo, apoyando a las colegas en maternidad y promoviendo políticas de conciliación. San Pablo nos recuerda: "Ya no hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay varón ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gálatas 3:28). Esta unidad no borra las diferencias, sino que las valora en la reciprocidad.
El informe "La columna invisible" es un grito de alarma, pero también una esperanza. Como cristianos, tenemos la oportunidad de ser agentes de cambio. No se trata solo de justicia social, sino de fidelidad al Evangelio. Porque donde hay amor y justicia, allí está Dios.
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