Querido hermano, querida hermana: cuando llega mayo, algo en el aire cambia. Las flores brotan, los días se alargan y, en muchos hogares cristianos, se respira un ambiente de devoción y cariño hacia la mujer que Dios eligió para ser la madre de Jesús. No es casualidad que la Iglesia haya dedicado este mes a la Virgen María. Es una invitación a detenernos, a mirar hacia ella y a dejar que su ejemplo nos guíe en nuestra vida de fe.
María no es una figura lejana o inalcanzable. Es una madre que conoce nuestras alegrías, nuestras luchas y nuestras esperanzas. Como dice el Evangelio de Lucas, ella guardaba todas las cosas en su corazón (Lucas 2:19, NVI). Eso significa que entiende lo que significa vivir con dudas, con preguntas, con la necesidad de confiar en Dios aun cuando no entendemos todo. Por eso, dedicar un mes a María no es solo un acto de tradición; es una oportunidad para crecer en nuestra relación con ella y, a través de ella, con Jesús.
¿Qué nos enseña María sobre la fe?
María es el modelo perfecto del discípulo que dice "sí" a Dios. Cuando el ángel Gabriel le anunció que sería la madre del Salvador, ella respondió: "Aquí tienes a la sierva del Señor; que él haga conmigo como me has dicho" (Lucas 1:38, RVR1960). Esa disposición, esa humildad, es la base de una fe auténtica. María no entendía todo, pero confiaba. Y esa confianza la sostuvo en los momentos más difíciles: desde el parto en un pesebre hasta el dolor inmenso de ver a su hijo en la cruz.
En un mundo que nos exige tener todo bajo control, María nos recuerda que la verdadera fortaleza está en rendirse al amor de Dios. Ella no buscó su propia gloria, sino que apuntó siempre hacia Jesús. En las bodas de Caná, cuando el vino se acabó, no pidió un milagro para sí misma; intercedió por los demás y dijo a los sirvientes: "Hagan todo lo que él les diga" (Juan 2:5, NVI). Esa es la clave: María nos lleva siempre a Jesús.
La presencia de María en la vida de la Iglesia
Desde los primeros tiempos, los cristianos han reconocido el papel único de María. En el libro de los Hechos, la vemos reunida con los apóstoles en el cenáculo, orando y esperando la venida del Espíritu Santo (Hechos 1:14). Ella estuvo allí, en el nacimiento de la Iglesia, como madre espiritual de todos los creyentes. A lo largo de los siglos, su figura ha sido fuente de consuelo, esperanza y unidad para millones de personas.
Hoy, la Iglesia sigue celebrando su maternidad. El papa León XIV, quien fue elegido en mayo de 2025, ha destacado en varias ocasiones la importancia de volver a María como camino hacia Jesús. En sus primeras homilías, recordó que "María es la estrella que guía a la Iglesia en medio de las tormentas del mundo". Y es cierto: en tiempos de incertidumbre, mirar a María nos da paz, porque sabemos que ella intercede por nosotros y nos muestra el camino.
Cómo vivir este mes mariano
No se trata de hacer cosas complicadas. Vivir mayo con María puede ser tan sencillo como dedicar unos minutos cada día a rezar el rosario, a leer un pasaje del Evangelio donde ella aparezca, o simplemente a hablar con ella como se habla con una madre. Puedes encender una vela, poner una flor frente a una imagen suya, o dar gracias por los momentos en que has sentido su protección.
Una práctica hermosa es la de consagrarse a María, como hicieron muchos santos a lo largo de la historia. San Luis María Grignion de Montfort escribió un tratado sobre la consagración total a Jesús por medio de María. San Juan Pablo II, cuyo lema era "Totus Tuus" (todo tuyo), vivió esa entrega de manera profunda. Pero no necesitas ser santo para hacerlo: puedes simplemente decirle: "María, tómame de la mano y ayúdame a seguir a tu Hijo".
El rosario: una oración que nos une
El rosario es quizás la devoción mariana más conocida. A través de sus misterios, meditamos en la vida de Jesús y de María. No es una repetición vacía; es una forma de entrar en la historia de la salvación, de acompañar a Jesús en su nacimiento, su ministerio, su pasión y su resurrección. Santo Domingo de Guzmán fue un gran promotor del rosario, y la Iglesia lo ha recomendado constantemente como una oración poderosa.
Si nunca has rezado el rosario, este mes puede ser el momento ideal para empezar. Puedes hacerlo solo o en familia. Hay aplicaciones y videos que te guían paso a paso. Lo importante es que lo hagas con el corazón, dejando que las palabras te lleven a Dios.
María, madre de todos
Una de las verdades más hermosas de nuestra fe es que María es madre de todos los creyentes. Jesús mismo, desde la cruz, nos la entregó como madre cuando dijo a Juan: "Ahí tienes a tu madre" (Juan 19:27, NVI). Y desde entonces, ella cuida de cada uno de nosotros con ternura. En sus apariciones, como en Guadalupe, Lourdes o Fátima, ha repetido un mensaje de amor, conversión y esperanza.
En el santuario de Guadalupe, María le dijo a san Juan Diego: "¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?" Esa misma pregunta nos la hace a nosotros hoy. Ella está aquí, a nuestro lado, dispuesta a escucharnos, a consolarnos y a interceder por nosotros. No estamos solos. Tenemos una madre que nos ama incondicionalmente.
Una invitación a la acción
Para terminar, te propongo algo muy concreto. Durante este mes, elige una pequeña acción que te acerque más a María. Puede ser rezar un avemaría cada noche, leer un capítulo del Evangelio de Lucas, o visitar una iglesia cercana que lleve su nombre. También puedes escribir en un papel una intención especial y ponerlo al pie de una imagen de ella, confiando en su intercesión.
Y no olvides: el amor a María no nos aleja de Jesús; al contrario, nos acerca a él. Ella es el camino más corto, el atajo seguro hacia el corazón de Dios. Así que, ¿por qué no aprovechar este mes para caminar de su mano?
Que la Virgen María, madre de la Iglesia y madre nuestra, te bendiga y te guarde en este mes de mayo y siempre. Amén.
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