Del 28 al 30 de abril de 2026, la ciudad de Atenas fue el escenario de una reunión clave para el movimiento evangélico mundial. Los secretarios generales de las distintas regiones de la Alianza Evangélica Mundial (WEA, por sus siglas en inglés) se dieron cita para dialogar, evaluar y planificar estrategias que fortalezcan la cooperación y el testimonio cristiano en todo el planeta. Este encuentro, marcado por un espíritu de unidad y servicio, buscó articular mejor los esfuerzos de las alianzas nacionales y regionales frente a los desafíos actuales.
La reunión no solo fue un espacio de coordinación, sino también de reflexión profunda sobre el papel de la iglesia en un mundo que cambia rápidamente. Los participantes compartieron sus realidades, desde África hasta el Pacífico Sur, pasando por Asia, Europa, el Caribe, Oriente Medio y América Latina. Cada región presentó sus desafíos particulares, pero también las oportunidades que Dios está abriendo para el avance del evangelio.
Participación latinoamericana: voz y compromiso
La Alianza Evangélica Latina (AEL) estuvo representada por Mariano Blázquez, su secretario, y Edward Retta, asesor de la organización. Aunque el presidente Juan Cruz no pudo asistir, la delegación transmitió el firme compromiso de la región con el fortalecimiento de la estructura evangélica en América Latina. Se destacó la importancia de apoyar a las alianzas nacionales en áreas de mayor necesidad, así como avanzar en proyectos concretos de cooperación tanto a nivel interno como junto a la WEA.
Los representantes latinoamericanos subrayaron la necesidad de preservar la identidad evangélica y el testimonio público, incrementando la participación activa de las alianzas nacionales en la vida regional. "No podemos ser una iglesia que solo mira hacia adentro; debemos ser sal y luz en nuestras comunidades", expresaron durante las sesiones de trabajo. Este enfoque resonó con los demás líderes, quienes reconocieron el dinamismo y la fe de las iglesias latinoamericanas.
Visión estratégica para los próximos años
El secretario general de la WEA, Botrus Mansour, compartió la visión estratégica de la organización para los próximos años, centrada en cuatro pilares fundamentales. En primer lugar, fortalecer el papel de las regiones como columna vertebral de la Alianza. En segundo lugar, buscar fórmulas o proyectos para reforzar a las Alianzas Nacionales, especialmente aquellas que enfrentan dificultades. En tercer lugar, potenciar la labor de representación y defensa pública del evangelio ante gobiernos y organismos internacionales. Y en cuarto lugar, promover una mayor colaboración global entre las partes para cumplir mejor la Gran Comisión.
"Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo" (Mateo 28:19, NVI).
Este versículo fue citado como el fundamento bíblico de todos los esfuerzos de la WEA. Los líderes coincidieron en que la unidad no es un fin en sí mismo, sino un medio para que el mundo crea que Jesús fue enviado por el Padre (Juan 17:21).
Transparencia y credibilidad: un llamado a la integridad
Otro tema central fue la importancia de proyectar una imagen pública caracterizada por la transparencia, las buenas prácticas y el servicio. En un contexto global donde la confianza en las instituciones está en crisis, los líderes evangélicos reconocieron que deben ser ejemplo de honestidad y responsabilidad. "Nuestra credibilidad depende de nuestra coherencia entre lo que predicamos y cómo vivimos", afirmó uno de los participantes.
Se discutieron iniciativas para mejorar la rendición de cuentas y la comunicación, tanto dentro de la WEA como hacia el exterior. La idea es que la iglesia sea vista como una comunidad que busca el bien común, no solo el crecimiento numérico. Como dice la Escritura: "Procuren hacer el bien a todos, especialmente a los de la familia de la fe" (Gálatas 6:10, NVI).
Evaluación de la Asamblea General en Corea
La reunión también sirvió para evaluar la pasada Asamblea General de la WEA, realizada en Corea del Sur. Los participantes compartieron observaciones y propuestas orientadas a mejorar futuros encuentros. Se resaltaron tanto los desafíos organizativos como el espíritu de servicio y hospitalidad que caracterizó a la asamblea. Varios asistentes sugirieron que se estudiara reducir el período entre cada asamblea general, que actualmente es de seis años, para mantener un impulso constante en la cooperación global.
"La asamblea en Corea fue una bendición, pero aprendimos que podemos hacer las cosas de manera más eficiente", comentó un líder regional. Se propuso, por ejemplo, aprovechar mejor las herramientas digitales para la preparación previa y el seguimiento posterior, así como involucrar a más jóvenes en los procesos de toma de decisiones.
Sostenibilidad financiera y ajustes administrativos
Otro asunto crucial fue la situación financiera de la WEA y la búsqueda de nuevas estrategias de sostenibilidad. Los líderes reconocieron que, para llevar a cabo los proyectos de manera efectiva, se necesitan recursos estables y bien administrados. Se exploraron opciones como la diversificación de fuentes de ingreso, alianzas estratégicas con organizaciones afines y una mayor transparencia en el uso de los fondos.
Además, se avanzó en conversaciones sobre posibles ajustes estatutarios y aspectos administrativos, especialmente en áreas vinculadas a la gobernanza y la representación regional. El objetivo es que la WEA sea ágil y capaz de responder a las necesidades cambiantes del movimiento evangélico mundial, sin perder su esencia de servicio y unidad.
Unidad en la diversidad: el desafío de la Gran Comisión
La reunión en Atenas dejó claro que la diversidad del movimiento evangélico es una fortaleza, pero también un desafío. Las diferentes culturas, idiomas y contextos requieren una comunicación constante y un respeto mutuo. Sin embargo, los líderes coincidieron en que el amor de Cristo es el vínculo que los une más allá de las diferencias. Como está escrito: "Porque todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús" (Gálatas 3:26, NVI).
La Gran Comisión no es una opción, sino un mandato que impulsa a la iglesia a salir de sus fronteras. En este sentido, la WEA busca ser un catalizador para que las alianzas nacionales y regionales trabajen juntas, compartiendo recursos, experiencias y oraciones. La meta es que cada persona en el mundo tenga la oportunidad de conocer el amor de Dios en Cristo.
Reflexión final: ¿qué puedes hacer tú?
Esta reunión de líderes mundiales nos recuerda que la iglesia no es una organización fría, sino un cuerpo vivo del cual todos somos parte. Así como los secretarios generales se reunieron para planificar, tú también puedes contribuir a la unidad y al avance del evangelio en tu contexto. Ora por tus líderes locales y globales, busca maneras de colaborar con otras iglesias y comparte tu fe con quienes te rodean.
¿Estás dispuesto a ser un instrumento de unidad en tu comunidad? La próxima vez que veas a un hermano de otra denominación, recuerda que, aunque tengan diferencias, comparten la misma fe en Jesús. El mundo necesita ver una iglesia unida, no por uniformidad, sino por amor. Como dijo Jesús: "En esto conocerán todos que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros" (Juan 13:35, NVI).
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