En la comunidad de Cantinela, en el municipio de Ixmiquilpan, Hidalgo, un grupo de cristianos evangélicos ha alzado la voz ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) por lo que consideran una violación sistemática a su libertad de culto. Los creyentes, miembros de la Iglesia del Sinaí y del grupo “Príncipe de Paz”, denuncian que las autoridades locales los obligan a participar en festividades católicas o, en su defecto, a pagar multas que pueden alcanzar los 114 mil pesos mexicanos.
Para estas familias, el problema no es solo económico. Detrás de las sanciones hay una presión espiritual que choca directamente con sus convicciones bíblicas. Como explica Gabriel Chavarría Salvador, uno de los líderes de la comunidad: “Nos exigen organizar eventos que incluyen la veneración de imágenes, algo que nuestra fe no permite. Si nos negamos, nos multan o nos cortan el agua”.
¿Usos y costumbres o imposición religiosa?
Las autoridades locales argumentan que estas exigencias se basan en los “usos y costumbres” de la región, una práctica legal en comunidades indígenas de México. Sin embargo, los denunciantes señalan que este argumento se utiliza para imponer una sola identidad religiosa, sin respetar la diversidad de creencias. “La Constitución nos garantiza libertad de religión, pero en la práctica, aquí no hay espacio para quienes no somos católicos”, afirma Areli Mundo, miembro de la congregación.
El conflicto ha escalado al punto de que los evangélicos han buscado apoyo en instancias estatales, pero aseguran que no han recibido respaldo. “Nos dijeron que no podían meterse en las costumbres locales”, relata Chavarría. Esta situación refleja una tensión entre el derecho individual a la libertad religiosa y las tradiciones comunitarias, un dilema que no es exclusivo de México.
La Biblia frente a la presión social
Para los cristianos evangélicos, la negativa a participar en rituales católicos no es un capricho, sino una cuestión de conciencia basada en las Escrituras. En Éxodo 20:4-5, Dios ordena: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra... No te inclinarás a ellas ni las honrarás”. Versículo que ellos aplican de manera literal.
“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas ni las honrarás, porque yo soy el Señor tu Dios, fuerte, celoso.” — Éxodo 20:4-5 (RVR1960)
El apóstol Pedro también recordó a los primeros cristianos que “es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29). Para los creyentes de Cantinela, esta enseñanza es fundamental: su lealtad a Dios está por encima de cualquier tradición o autoridad humana.
Represalias que afectan la vida diaria
Las consecuencias de negarse a cumplir con las exigencias van más allá de las multas. Los denunciantes reportan que se les ha suspendido el servicio de agua potable, un recurso vital en una zona rural donde el acceso ya es limitado. “Cuando no pagamos, nos cortan el agua. Así intentan doblegarnos”, denuncia Chavarría.
Esta presión constante ha generado un ambiente de temor y división en la comunidad. Algunos han optado por pagar las multas para evitar represalias, aunque eso signifique un sacrificio económico enorme para sus familias. Otros han considerado mudarse, pero la falta de recursos se los impide.
Un llamado a la conciencia y la oración
Este caso nos recuerda que la libertad religiosa no es un derecho garantizado en todas partes, incluso en países donde la Constitución la protege. Como cristianos, estamos llamados a orar por nuestros hermanos que enfrentan persecución y a buscar maneras de apoyarlos. En Mateo 5:10, Jesús dijo: “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos”.
Te invito a reflexionar: ¿Cómo puedes tú ser un instrumento de paz y defensa de la libertad religiosa en tu entorno? ¿Hay comunidades en tu país que enfrentan situaciones similares? La Iglesia de Cristo es una, y cuando un miembro sufre, todos sufrimos con él (1 Corintios 12:26).
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