Hace exactamente un año, el 8 de mayo de 2025, el cardenal Robert Francis Prevost era elegido sucesor de Pedro, tomando el nombre de León XIV. Desde entonces, su pontificado se ha distinguido por un estilo sencillo y directo, que hunde sus raíces en la espiritualidad agustiniana y en la experiencia misionera en Perú. En este primer aniversario, muchos observadores destacan cómo el Papa ha optado por no ser un político, sino un pastor que anuncia la paz como don del Señor resucitado.
El padre Giuseppe Pagano, agustino y amigo de larga data del Pontífice, recuerda con cariño los días de juventud en Roma, cuando ambos participaban en manifestaciones por la paz. «La paz no es construida por los seres humanos —afirma—, viene del Señor resucitado precisamente para traerla a la humanidad». Esta profunda convicción ha guiado el magisterio de León XIV desde su primer saludo desde la Logia de las Bendiciones.
En un mundo marcado por conflictos y divisiones, el Papa ha optado por hablar al corazón de las personas, invitando a la reconciliación y a la fraternidad. Su mensaje nunca es retórico, sino que nace de la experiencia concreta de quien ha vivido entre los pobres y ha aprendido a ver el rostro de Cristo en los últimos.
Una fe que se hace historia: el testimonio de 1983
Una fotografía en blanco y negro, tomada en Roma el 22 de octubre de 1983, retrata a un joven Robert Francis Prevost entre los frailes agustinos, con un cartel que reza «Agustinos por la paz». Esa imagen, que se volvió viral tras la elección, ha sido a menudo malinterpretada: algunos periódicos la situaron en Comiso, Sicilia, pero se trataba de la gran manifestación romana contra los euromisiles, que llevó a la plaza a un millón de personas.
El padre Pagano, también presente en esa foto, corrige la reconstrucción: «No era Comiso, como han escrito algunos. Era una manifestación romana, nos había involucrado un hermano vinculado a Pax Christi». Ese gesto profético, realizado en plena Guerra Fría, anticipaba el futuro compromiso del Papa por la paz. Su participación no fue un gesto político, sino un testimonio de fe: los cristianos están llamados a ser constructores de paz, porque la paz es el primer don del Resucitado.
«Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (Mateo 5:9, NVI).
Esta bienaventuranza parece iluminar todo el camino de León XIV, que hoy, como sucesor de Pedro, continúa invocando la paz para el mundo entero.
La espiritualidad agustiniana como método de gobierno
Quien conoce al Papa desde hace décadas no se sorprende de su estilo. El padre Pagano, que lo frecuenta desde 1983, cuenta: «Empezó de inmediato con el mensaje que viene de Cristo resucitado. Para el Papa la paz no es una cuestión política. Es un hombre crecido en América Latina, entre los pobres del Perú».
La espiritualidad agustiniana, centrada en la interioridad y en la búsqueda de Dios en el corazón del hombre, se refleja en su modo de gobernar. León XIV no ama los discursos elaborados, sino que prefiere la sencillez del Evangelio. «En la Curia general siempre trabajó con los consejeros, con las comisiones —recuerda Pagano—. Es una persona obediente, acoge lo que se le pide con esta intención: 'El Señor me lo pide, por lo tanto lo hago'».
Esta obediencia no es pasividad, sino disponibilidad a dejarse guiar por el Espíritu. En un año de pontificado, el Papa ya ha mostrado saber tomar decisiones importantes, como el nombramiento de nuevos cardenales y el inicio de un sínodo sobre la paz. Pero lo ha hecho siempre con humildad, consciente de que su tarea es servir, no dominar.
La paz como anuncio, no como diplomacia
En su primer mensaje Urbi et Orbi, el 8 de mayo de 2025, León XIV saludó a los fieles con las palabras: «La paz sea con todos vosotros». No una fórmula diplomática, sino un anuncio. Para el Papa, la paz es un don que viene
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