En la audiencia general de este miércoles, el Papa León XIV invitó a los fieles a levantar la mirada más allá de las preocupaciones cotidianas y recordar que la Iglesia está en camino hacia su destino final: el cielo. El Santo Padre continuó su serie de catequesis sobre la constitución dogmática Lumen Gentium, deteniéndose en el capítulo VII, que trata sobre la dimensión escatológica de la Iglesia. Esta enseñanza, aunque fundamental, a menudo queda relegada en la vida cristiana.
“La Iglesia recorre la historia terrenal siempre orientada hacia la meta final, que es la patria celestial”, afirmó el Pontífice ante una multitud reunida en la Plaza de San Pedro, desafiando el clima inestable. Subrayó que esta verdad no es un escape de la realidad, sino una brújula que da sentido a cada paso.
El Pueblo de Dios en camino al Reino
Citando Lumen Gentium, el Papa recordó que la Iglesia es el “Pueblo de Dios en un camino a través de la historia”, cuyo objetivo último es el Reino de Dios. Jesús fundó la Iglesia anunciando precisamente este Reino de amor, justicia y paz. Por eso, los cristianos están llamados a considerar “la dimensión comunitaria y cósmica de la salvación en Cristo” y a valorar todas las cosas a la luz de esta perspectiva final.
“La Iglesia vive en la historia al servicio de la venida del Reino de Dios en el mundo”, afirmó León XIV. Ella proclama la promesa de salvación, recibe una garantía en los sacramentos y camina con esperanza hacia la consumación. Esta esperanza no es pasiva, sino que impulsa a la acción misionera y al servicio de los hermanos.
Una esperanza que transforma el presente
El Papa advirtió que centrarse solo en lo inmediato puede llevar a perder de vista la meta. “A menudo descuidamos o minimizamos esta dimensión porque nos enfocamos en lo visible y en la dinámica concreta de la comunidad cristiana”, dijo. Sin embargo, la esperanza escatológica no es una ilusión lejana, sino una fuerza que transforma el presente. Como escribió el apóstol Pablo: “Pues en esperanza fuimos salvados; pero la esperanza que se ve, no es esperanza” (Romanos 8:24, NVI).
León XIV destacó que la Iglesia, como sacramento universal de salvación, anticipa ya el Reino en medio del mundo. Cada acto de caridad, cada gesto de reconciliación y cada celebración eucarística son destellos del cielo en la tierra. La comunidad cristiana está llamada a ser signo e instrumento de la unión con Dios y de la unidad de todo el género humano.
La dimensión comunitaria y cósmica de la salvación
El Papa profundizó en que la salvación no es solo individual, sino que abarca a toda la creación. “La creación misma será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Romanos 8:21, RVR1960). La Iglesia, como primicia de esta nueva humanidad, vive la comunión de los santos, donde los vivos y los difuntos están unidos en Cristo.
León XIV animó a los fieles a cultivar una relación viva con los santos y a orar por los fallecidos, recordando que la muerte no es el final, sino un paso hacia la vida plena. “Nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Filipenses 3:20, RVR1960).
María, icono de la esperanza
El Papa concluyó su catequesis señalando a la Virgen María como modelo de espera activa. Ella, que ya goza de la gloria celestial, es la estrella que guía a la Iglesia peregrina. “María es la imagen y el comienzo de la Iglesia que será consumada en la gloria”, citó de Lumen Gentium. Invitó a los presentes a encomendarse a su intercesión para caminar con fidelidad hacia la patria celestial.
Preguntas para la reflexión personal
¿Cómo influye en tu día a día la certeza de que tu destino final es el cielo? ¿Te anima a vivir con más esperanza y a servir a los demás? ¿Qué cambios prácticos puedes hacer para mantener tu mirada fija en Jesucristo, el autor y consumador de nuestra fe? Que esta enseñanza del Papa León XIV te inspire a ser un testigo gozoso del Reino que ya está presente y que esperamos en plenitud.
“Porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir” (Hebreos 13:14, RVR1960).
La Iglesia peregrina avanza con la certeza de que el Señor viene. Maranatha. Ven, Señor Jesús.
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