El domingo 17 de mayo de 2026, el Papa León XIV se asomó a la ventana del Palacio Apostólico para dirigirse a los fieles que llenaban la soleada Plaza de San Pedro. En su alocución antes de la oración del Regina Caeli, el Santo Padre reflexionó sobre la Solemnidad de la Ascensión del Señor, una celebración que en muchos países se conmemora en esta fecha. Con su estilo cálido y cercano, el Pontífice invitó a todos los creyentes a no ver este misterio como algo lejano, sino como un vínculo vivo que nos conecta con la gloria celestial.
“La Ascensión no es una promesa lejana, sino un lazo real que nos une a Jesús”, afirmó León XIV. “Así como los miembros del cuerpo están unidos a la cabeza, nosotros estamos unidos a Cristo, y su ascensión nos atrae hacia la plena comunión con el Padre”. Estas palabras resonaron en una plaza rebosante de peregrinos de todas partes del mundo, quienes escucharon atentamente el mensaje de unidad y esperanza.
¿Qué significa la Ascensión para nuestra vida diaria?
Muchas personas pueden pensar que la Ascensión de Jesús es un evento que ocurrió hace dos mil años y que no tiene mucho que ver con el presente. Sin embargo, el Papa León XIV explicó que este misterio tiene un impacto directo en nuestra vida cotidiana. “Toda la vida de Cristo es un movimiento ascendente que abraza y envuelve todo el escenario del mundo”, dijo. “A través de su humanidad, Jesús eleva y redime al ser humano de su condición de pecado, llevando luz, perdón y esperanza donde hay tinieblas, injusticia y desesperación”.
La Ascensión, entonces, nos invita a mirar hacia arriba, a ampliar nuestro horizonte y a dejar que nuestro modo de pensar, sentir y actuar se acerque cada vez más al corazón de Dios. No se trata de ignorar las realidades terrenales, sino de vivirlas con una perspectiva celestial. Como dice la carta a los Colosenses: “Pongan la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Colosenses 3:2, NVI).
Un camino que ya conocemos
León XIV recordó que no estamos solos en este itinerario ascendente. “Nosotros conocemos el camino, porque lo encontramos en Jesús, en la entrega de su vida, en sus ejemplos y en sus enseñanzas”, afirmó. También mencionó a la Virgen María y a los santos, tanto aquellos que la Iglesia propone como modelos universales como los “santos de la puerta de al lado”: padres, madres, abuelos y personas de todas las edades que, con alegría y compromiso, se esfuerzan por vivir según el Evangelio.
Estos ejemplos nos animan a seguir adelante. El Papa destacó que, con su apoyo y oración, podemos aprender a “subir día a día hacia el cielo”. Esto implica hacer objeto de nuestros pensamientos todo lo que es verdadero, justo y amable, como enseña San Pablo en Filipenses 4:8. También significa hacer crecer en nosotros y en nuestro entorno la vida divina que recibimos en el bautismo, difundiendo frutos de comunión y paz.
La Ascensión y nuestra misión en el mundo
Lejos de ser una evasión de la realidad, la Ascensión nos impulsa a comprometernos con el mundo. Jesús subió al cielo, pero no nos dejó solos; nos envió el Espíritu Santo para ser sus testigos hasta los confines de la tierra (Hechos 1:8). El Papa León XIV subrayó que la Ascensión nos da la certeza de que nuestra vida tiene un propósito eterno, y que cada acción realizada con amor tiene un valor que trasciende el tiempo.
En un mundo marcado por la incertidumbre, el dolor y la división, la Ascensión nos recuerda que la victoria final ya está ganada. Cristo ha vencido al pecado y a la muerte, y nos abre las puertas de la gloria. Pero esa gloria no es solo para el futuro; comienza ahora, cuando vivimos en comunión con Dios y con los demás. Como dijo el Pontífice: “La Ascensión nos atrae hacia la gloria celestial, ampliando y elevando nuestro horizonte”.
Un llamado a la acción
La reflexión del Papa no se quedó en lo teórico. Concretamente, invitó a los fieles a preguntarse: “¿Estoy viviendo mi vida con la mirada puesta en el cielo? ¿Mis pensamientos, palabras y acciones reflejan el amor de Dios? ¿Estoy siendo un testigo de la esperanza cristiana en mi familia, mi trabajo y mi comunidad?”. Estas preguntas nos desafían a salir de la rutina y a buscar una vida más plena, guiada por el Espíritu.
León XIV también recordó la importancia de la oración y los sacramentos, especialmente la Eucaristía, como medios para fortalecer nuestra unión con Cristo. “En cada Misa, el cielo se abre y nosotros somos elevados junto con Jesús”, afirmó. “Es allí donde recibimos la gracia para vivir como hijos de Dios y para llevar esa luz a los demás”.
Conclusión: Vivir la Ascensión cada día
La Solemnidad de la Ascensión no es solo una fecha en el calendario litúrgico; es una invitación permanente a vivir con el corazón en el cielo mientras caminamos en la tierra. El Papa León XIV nos recuerda que no estamos destinados a quedarnos atrapados en las preocupaciones mundanas, sino que estamos llamados a una vida de santidad y alegría. Como dice el Salmo 24: “¡Álzate, oh puertas eternas, y entrará el Rey de la gloria!” (Salmo 24:7, RVR1960).
Te invito a que, en los próximos días, dediques un momento a reflexionar sobre la Ascensión. Puedes leer el relato de los Hechos de los Apóstoles (Hechos 1:6-11) y preguntarte: ¿Qué significa para mí que Jesús esté sentado a la diestra del Padre? ¿Cómo puedo, en mi vida diaria, “subir” hacia Dios a través del amor y el servicio? Que la Virgen María, que vivió en primera persona este misterio, nos ayude a mantener la mirada fija en Jesús, nuestro Señor ascendido, y a ser testigos de su amor en el mundo.
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