Lección desde Inglaterra: ¿Por qué frenar la ley de muerte asistida?

Fuente: EncuentraIglesias Editorial

Mientras Francia se prepara para debatir un proyecto de ley sobre la ayuda a morir, nuestros vecinos ingleses acaban de tomar una decisión radicalmente opuesta: abandonar su propio texto después de meses de intensos debates en la Cámara de los Lores. Este retroceso, lejos de ser un simple accidente político, es el resultado de un examen profundo que puso de manifiesto las fallas del proyecto. Para los cristianos, este episodio encierra enseñanzas valiosas sobre cómo una sociedad puede abordar el final de la vida con sabiduría y respeto.

Lección desde Inglaterra: ¿Por qué frenar la ley de muerte asistida?

El Parlamento británico renunció a legislar sobre el tema, considerando que las cuestiones antropológicas fundamentales no deberían decidirse apresuradamente mediante un voto. Esta prudencia contrasta con la premura que a veces se observa en otros lugares. Como dice el proverbio: «La sabiduría es la principal cosa; adquiere sabiduría» (Proverbios 4:7, RVR1960). Los diputados ingleses aparentemente se tomaron el tiempo para reflexionar, una lección que todos podemos meditar.

Una contradicción de origen en el proyecto francés

La expresidenta de la Sociedad Francesa de Acompañamiento y Cuidados Paliativos, Claire Fourcade, señaló una contradicción fundamental: «No se puede decir sí y no al mismo tiempo». En efecto, el proyecto francés pretende autorizar la eutanasia y promover los cuidados paliativos, como si ambos enfoques fueran compatibles. Pero uno busca provocar la muerte, el otro acompañar hasta el final. Este doble discurso es insostenible.

La Biblia nos advierte sobre los corazones divididos: «El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos» (Santiago 1:8, RVR1960). En cuestiones de final de vida, la claridad es esencial. Los cristianos estamos llamados a ser testigos de la verdad, incluso cuando esta es incómoda.

Cuidados paliativos: una respuesta digna al sufrimiento

Si bien la cuestión del sufrimiento no puede eludirse, la respuesta no debería ser la muerte provocada, sino un acompañamiento de calidad. Los cuidados paliativos, cuando están bien financiados y son accesibles, permiten aliviar el dolor y ofrecer apoyo psicológico, social y espiritual. Desafortunadamente, el proyecto de ley francés sigue siendo vago sobre la financiación de estos cuidados, lo que preocupa a los profesionales.

El salmista nos recuerda que «Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu» (Salmo 34:18, RVR1960). Una sociedad que cuida a sus miembros más vulnerables hasta el final refleja el amor de Dios.

La muerte: el último acto de la vida, no una salida de emergencia

Para los cristianos, la muerte no es un fin en sí misma, sino un paso. Como escribió santa Teresa de Lisieux: «La muerte es un sueño, es el fin del día en que el alma recibe el premio de su trabajo». Esta esperanza transforma nuestra mirada sobre el final de la vida. En lugar de considerarlo un fracaso o un sufrimiento insoportable, podemos vivirlo como el último acto de una vida plena, rodeados de quienes nos aman.

La sociedad moderna, a menudo materialista, tiende a rechazar la debilidad y la dependencia. El libro de la Sabiduría ya denuncia esta actitud: «Hemos nacido por azar, y después seremos como si no hubiéramos existido. […] ¡Vamos, pues! Disfrutemos de los bienes presentes» (Sabiduría 2:2-6, BDS). Esta mentalidad lleva a oprimir al pobre y a despreciar al anciano. Como cristianos, estamos llamados a otro camino: el de la compasión y el respeto por toda vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural.

Libertad religiosa: una opción que preservar

En este debate, es esencial garantizar a las instituciones religiosas la libertad de ofrecer una alternativa basada en la fe. Los hospitales católicos, protestantes u ortodoxos ofrecen un acompañamiento que integra la dimensión espiritual, algo que muchos pacientes valoran. La libertad de conciencia de los profesionales de la salud también debe ser protegida, para que nadie sea obligado a participar en un acto que considera moralmente inaceptable.

El apóstol Pablo nos anima a «andar como es digno de la vocación con que fuisteis llamados» (Efesios 4:1, RVR1960). Esto incluye ser voz de los que no tienen voz y defender a los más débiles.

Conclusión: una llamada a la sabiduría

La decisión inglesa nos recuerda que la sabiduría consiste en tomarse el tiempo de reflexionar, escuchar a todos los actores y no dejarse llevar por la presión mediática o las modas. En un mundo que a menudo busca soluciones rápidas, el camino de la prudencia y el respeto por la vida humana es un testimonio profético. Que esta lección inspire a Francia y a otros países a construir un verdadero acompañamiento al final de la vida, donde la dignidad de cada persona sea el centro.


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