Le cortaron las manos por convertirse al cristianismo en Uganda

Fuente: EncuentraIglesias Editorial

En un mundo donde la libertad religiosa es un derecho fundamental, muchos cristianos aún enfrentan persecución por su fe. En Uganda, un país mayoritariamente cristiano pero con una minoría musulmana significativa, la conversión al cristianismo puede tener consecuencias trágicas. Recientemente, un hombre de 40 años, Kalegeya Faruku, tuvo sus manos amputadas por familiares musulmanes después de aceptar a Jesucristo. Este acto brutal conmocionó a la comunidad local e internacional, pero también revela la fuerza de la fe en medio de la adversidad.

Le cortaron las manos por convertirse al cristianismo en Uganda

La historia de Kalegeya es un recordatorio poderoso de que seguir a Cristo puede tener un costo. Sin embargo, como nos enseña la Biblia, la persecución no es algo nuevo para los seguidores de Jesús. En Mateo 5:10-12, leemos: «Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando os insulten y persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros falsamente por mi causa. Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los cielos, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros».

El contexto de la conversión y las amenazas

Kalegeya Faruku, exmusulmán, entregó su vida a Jesús en marzo de 2025, después de ser evangelizado por un amigo cristiano. La decisión no fue bien recibida por su familia. «Entregué mi vida a Jesús a principios de marzo y mis familiares no se alegraron. Se enojaron mucho y empezaron a enviarme mensajes amenazando con quitarme la vida», relató a Morning Star News.

Ante las amenazas, Kalegeya decidió huir a un lugar seguro. Planeaba viajar al Concejo Municipal de Busembatia, en el distrito de Bugweri, donde vive el amigo que lo evangelizó. Sin embargo, el 17 de abril, al regresar a su casa en Jinja para recoger algunas pertenencias, fue emboscado por sus hermanos y otros parientes.

El ataque brutal

Los agresores lo sujetaron y le cortaron las manos con un machete. «Encontré a mis hermanos esperándome dentro de la casa. Me atacaron y me cortaron las manos. Grité de dolor, pero nadie vino a ayudarme», contó Kalegeya. Después del ataque, los parientes lo dejaron sangrando, y fue auxiliado por vecinos que lo llevaron al hospital. Las manos no pudieron ser reimplantadas.

Este acto de violencia extrema no es aislado. En Uganda, los cristianos convertidos del islam a menudo enfrentan hostilidad y violencia. La persecución religiosa es una realidad que muchos prefieren ignorar, pero que afecta a millones de personas en todo el mundo.

¿Qué dice la Biblia sobre la persecución?

La Biblia está llena de historias de persecución y sufrimiento por causa de la fe. Desde los profetas del Antiguo Testamento hasta los apóstoles del Nuevo Testamento, muchos fueron perseguidos, encarcelados y muertos por su fidelidad a Dios. Sin embargo, las Escrituras también nos animan a permanecer firmes. En 2 Timoteo 3:12, Pablo escribe: «Ciertamente, todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos».

Jesús también preparó a sus discípulos para la persecución. En Juan 15:18-20, dijo: «Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, sino que yo os elegí del mundo, por eso el mundo os odia. Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán».

Estas palabras nos recuerdan que la persecución no es una señal de fracaso, sino parte del camino cristiano. Sin embargo, también somos llamados a orar por los que sufren y a actuar en solidaridad con ellos.

El papel de la iglesia y la comunidad cristiana

La historia de Kalegeya destaca la importancia del apoyo comunitario. Después del ataque, fue ayudado por vecinos y llevado al hospital. La iglesia local también se movilizó para ofrecer apoyo espiritual y material. Lamentablemente, muchos cristianos perseguidos no cuentan con ese apoyo. La iglesia global está llamada a orar, denunciar estas injusticias y brindar ayuda práctica a los hermanos que sufren. Como dice Hebreos 13:3: «Acordaos de los presos, como si estuvierais presos con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros estáis en el cuerpo».

Esta historia nos desafía a no permanecer indiferentes. La persecución contra los cristianos sigue siendo una realidad en muchos lugares. Oremos por Kalegeya y por todos aquellos que sufren por su fe, y busquemos maneras de ser una voz para los que no tienen voz.


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