En medio de un escenario mundial que vio la partida del querido Papa Francisco en abril de 2025 y la elección del Papa León XIV, la Iglesia en Brasil se prepara para un momento decisivo. Del 15 al 24 de abril, en la ciudad de Aparecida, cuna espiritual del país, los obispos brasileños se reúnen para una Asamblea General que promete marcar el rumbo de la acción evangelizadora en los próximos años. El corazón de este encuentro es la votación de las nuevas Directrices Generales de la Acción Evangelizadora, un documento que nació no en oficinas, sino en el suelo de la comunidad, a través de un largo y cuidadoso proceso de escucha.
El Proceso Sinodal: Escuchar al Pueblo de Dios
Desde 2022, la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB) emprendió un camino singular. Inspirada por el espíritu del Sínodo sobre la Sinodalidad convocado por el Papa Francisco, la Iglesia en Brasil optó por un camino de discernimiento colectivo. En lugar de un texto elaborado por pocos, las nuevas directrices fueron gestadas a partir de la voz de las comunidades, de los laicos, de los religiosos, de los jóvenes y de todos los que componen el cuerpo vivo de Cristo. Este método refleja la sabiduría del libro de Proverbios:
"Donde no hay dirección, el pueblo cae; pero en la abundancia de consejeros hay seguridad." (Proverbios 11:14, NVI)La seguridad para el futuro de la evangelización está precisamente en esta "abundancia de consejeros", en el pueblo de Dios que, guiado por el Espíritu Santo, señala los caminos.
Aparecida: Un Escenario de Fe y Esperanza
No es casualidad que la asamblea se realice en Aparecida. El lugar es más que un espacio geográfico; es un símbolo. La basílica dedicada a Nuestra Señora Aparecida, patrona de Brasil, es un testimonio de la fe popular que sostiene a la Iglesia. Reunirse allí es reconocer las raíces profundas del catolicismo brasileño, marcado por la devoción, la resistencia y la alegría. Es una invitación a mirar hacia el futuro sin olvidar de dónde venimos, confiando como el salmista:
"Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; no dejará caer jamás al justo." (Salmos 55:22, RVR1960)En un mundo sacudido por incertidumbres, la Iglesia se reúne bajo la mirada materna de María para buscar, juntos, el sustento divino para su misión.
El Contenido de las Nuevas Directrices: Hacia una Iglesia en Salida
Aunque el texto final será votado en la asamblea, el proceso de escucha ya ha señalado algunos ejes centrales que deben guiar la evangelización en Brasil. Se espera un documento que:
- Valorice la sinodalidad: Refuerce que la Iglesia es una comunión de caminantes, donde todos tienen voz y misión.
- Enfatice la atención a los pobres y excluidos: Siguiendo el legado del Papa Francisco y el mandamiento de Cristo de amar al prójimo.
- Incentive la formación de comunidades acogedoras: Para que nadie se sienta extraño en la casa de Dios.
- Abrace los desafíos de la cultura digital: Llevar el mensaje del Evangelio a los nuevos "areópagos" del siglo XXI.
- Fortalezca la esperanza y la alegría cristiana: Como un antídoto contra el desánimo y el individualismo.
Estas directrices buscan hacer que la Iglesia sea cada vez más fiel al mandato misionero dejado por Jesús:
"Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo." (Mateo 28:19-20, NVI)La misión es clara, y las directrices son como un mapa para cumplirla en los contextos específicos del Brasil de hoy.
Un Tiempo de Gracia bajo el Nuevo Pontificado
Este momento brasileño se entrelaza con una nueva fase en la Iglesia universal. Con la elección del Cardenal Robert Francis Prevost como Papa León XIV en mayo de 2025, comienza un nuevo capítulo. La asamblea de la CNBB ocurre en los primeros meses de este pontificado, ofreciendo una oportunidad única para que la Iglesia en Brasil alinee su camino evangelizador con la visión del nuevo sucesor de Pedro. Es un tiempo de gracia donde la escucha local y la comunión universal se encuentran, recordándonos que, aunque los desafíos son grandes, la promesa de Cristo permanece firme.
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