Desde hace más de tres años, Sudán está sumergido en una brutal guerra civil que ha dejado su capital, Jartum, en ruinas. Las marcas de balas cubren casi todos los edificios, los hospitales yacen entre escombros y las iglesias han sido reducidas a cenizas. El conflicto entre las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSR) no solo ha destruido la infraestructura, sino que ha destrozado la vida de millones, especialmente de los más vulnerables: mujeres, niños y ancianos.
En el Hospital de Maternidad Al-Saudi en Omdurmán, la doctora Safa Ali trabaja incansablemente para salvar vidas. Atiende a mujeres y niñas, muchas de apenas 13 años, que han sido víctimas de violencia sexual. El mismo hospital fue dañado por los bombardeos, lo que obligó al personal a reubicarse hasta que una organización sin fines de lucro lo restauró. La doctora Ali es una de las pocas médicas que quedan en la zona, ya que muchos han huido de la violencia. Su historia es un testimonio de la resiliencia de quienes se niegan a abandonar su llamado a sanar.
Las Naciones Unidas reportan que el conflicto ha matado o herido a 4300 niños y ha desplazado a 14 millones de personas. El Comité Internacional de la Cruz Roja indica que entre el 70 y el 80 por ciento de la infraestructura de salud en las zonas de conflicto no funciona o cuenta con recursos críticamente insuficientes. En medio de esta devastación, las comunidades cristianas han sido profundamente afectadas, con iglesias destruidas y congregaciones dispersas.
Fe entre las ruinas: la respuesta de la Iglesia
A pesar de la destrucción, la Iglesia en Sudán no ha guardado silencio. Los líderes cristianos han surgido como voces de esperanza, brindando apoyo espiritual y ayuda práctica. Nos recuerdan el llamado bíblico a cuidar de los afligidos:
“La religión pura y sin mancha delante de Dios el Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.” (Santiago 1:27, RV60)Las iglesias locales han convertido sus recursos restantes en refugios y centros de distribución de alimentos. Aunque los edificios hayan desaparecido, el cuerpo de Cristo continúa sirviendo.
¿Por qué son atacados los hospitales y las iglesias?
En muchos conflictos, los lugares de sanación y adoración se convierten en objetivos porque son símbolos de comunidad y estabilidad. Destruirlos desmoraliza a la población y erosiona la confianza. Sin embargo, para los cristianos, la Iglesia no es un edificio sino el pueblo de Dios. Jesús dijo:
“Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” (Mateo 18:20, RV60)Incluso entre los escombros, los creyentes se reúnen para orar, adorar y apoyarse mutuamente.
Esperanza bíblica para una nación quebrantada
La Biblia no evade el sufrimiento. Los Salmos están llenos de lamentos, pero siempre se vuelven hacia la esperanza. En Lamentaciones leemos:
“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.” (Lamentaciones 3:22-23, RV60)Esta promesa sostiene a los cristianos sudaneses hoy. Se aferran a la esperanza de que Dios está presente en medio del dolor y que un día la paz prevalecerá.
Como seguidores de Cristo, estamos llamados a ser pacificadores. Jesús dijo:
“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.” (Mateo 5:9, RV60)Esto significa orar por Sudán, apoyar los esfuerzos humanitarios y abogar por la justicia. La guerra puede haber destruido hospitales e iglesias, pero no puede destruir el amor de Dios ni la resiliencia de su pueblo.
Pasos prácticos para los lectores
¿Cómo podemos responder a una necesidad tan abrumadora? Primero, podemos orar específicamente por Sudán: por el fin de la violencia, por la protección de los civiles y por sabiduría para los líderes. Segundo, podemos apoyar a organizaciones que brindan atención médica, alimentos y refugio a las familias desplazadas. Tercero, podemos educarnos a nosotros mismos y a otros sobre la crisis, rompiendo el silencio que a menudo rodea a los conflictos olvidados.
Recordemos que nuestra fe nos llama a actuar. Como está escrito:
“Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.” (Santiago 2:17, RV60)Que nuestra fe en el Dios de la esperanza nos mueva a ser instrumentos de su paz en Sudán.
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