Kherson bajo fuego: el testimonio de quien se queda con los civiles

Fuente: EncuentraIglesias Editorial

Kherson, ciudad ucraniana estratégicamente ubicada a orillas del Dniéper, vive días de terror. Después de meses de ocupación y liberación, ahora vuelve a estar bajo ataque constante. Los drones rusos no dan tregua, y los civiles se han convertido en blanco de ejercicios militares. Pero hay más: la carretera que conectaba Kherson con Mykolaiv ha sido minada, dejando la ciudad completamente aislada. La ayuda humanitaria llega con dificultad y la población está atrapada en un círculo de violencia y miedo.

Kherson bajo fuego: el testimonio de quien se queda con los civiles

Alberto Capannini, responsable de Operación Paloma, un cuerpo no violento de paz de la Comunidad Papa Juan XXIII, vive desde hace cuatro años entre Mykolaiv y Kherson. En un video difundido en redes sociales, relató la dramática situación: «Hoy están bombardeando muchísimo y han minado la carretera con drones. ¿Qué se puede hacer? Por lo pronto, se puede estar aquí, no se puede dejar solas a las personas».

Su testimonio es un grito de ayuda que llega desde el corazón de Europa, donde la guerra no da señales de detenerse. La comunidad cristiana está llamada a responder con oración y acción concreta.

La respuesta de la fe: estar al lado de quien sufre

En situaciones de violencia extrema, la tentación es mirar hacia otro lado. Pero la fe cristiana nos llama a estar presentes, como nos recuerda la carta de Santiago: «La fe, si no tiene obras, está muerta en sí misma» (Stg 2:17). La presencia de voluntarios como Capannini es una obra de misericordia corporal: visitar a los presos, dar de comer al hambriento, pero también simplemente estar con quien está en necesidad.

«Cuando la situación empeora —dice Capannini— significa que nuestro compromiso debe ser mayor. Nunca hay una situación en la que ya no se pueda hacer nada; hay situaciones en las que se nos pide más». Estas palabras resuenan con la enseñanza de Jesús: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5:7). La misericordia no es un sentimiento, sino una acción concreta que requiere coraje y sacrificio.

Operación Paloma es un ejemplo de cómo la no violencia activa puede ser una respuesta al conflicto. Los voluntarios eligen quedarse en las zonas de guerra, compartiendo la vida con los civiles y ofreciendo protección a través de su presencia. Es una forma de testimonio que habla más que mil palabras.

Deshumanidad y esperanza: el papel de la comunidad cristiana

Capannini denuncia que «unos sesenta pilotos rusos de drones se están entrenando sobre los civiles de esta ciudad, golpeando a personas indefensas para aprender a usar los drones». Esta es la deshumanidad de la guerra: reducir a los seres humanos a blancos. Frente a esto, la comunidad cristiana está llamada a no callar. Como dice el profeta Isaías: «Clama a voz en cuello, sin cesar; alza tu voz como trompeta» (Is 58:1). La denuncia profética es parte integral de nuestro ser discípulos de Cristo.

Pero no basta denunciar. Se necesita solidaridad concreta. Capannini lanza un llamado: «Significa ser solidarios, es decir, compartir la situación de dificultad que una persona experimenta». La solidaridad no es una opción, sino un mandamiento. Jesús nos dijo: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mr 12:31). En tiempo de guerra, el prójimo es cualquiera que sufre, incluso a miles de kilómetros de distancia.

Como cristianos, podemos apoyar a organizaciones como Operación Paloma con oraciones, donaciones y difusión de información. También podemos presionar a nuestros gobiernos para que promuevan la paz y la protección de los civiles. La esperanza cristiana no es optimismo ingenuo, sino confianza en que Dios está presente incluso en las tinieblas. Como escribe Pablo: «La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Ro 5:5).

Una invitación a la reflexión

Ante la guerra en Ucrania, cada uno de nosotros está llamado a hacer su parte. P


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