Han pasado cuatro meses desde que el gobierno anterior cayó, pero Venezuela aún no encuentra la paz ni la estabilidad que tanto anhela. Más de 450 personas permanecen en prisión por razones políticas, según organizaciones de derechos humanos, y la promesa de amnistía se ha desvanecido. En las calles, el miedo sigue siendo el compañero de muchos ciudadanos que temen ser detenidos sin razón.
Los obispos venezolanos han llevado esta realidad ante el Papa León XIV en el Vaticano. Su diagnóstico es honesto y preocupante: aunque hubo un cambio en la presidencia, los mismos actores políticos continúan en el poder. El presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, monseñor Jesús González de Zárate, lo expresó claramente: "Hay una continuidad en los actores a nivel político".
Como pastores, los obispos reciben constantemente solicitudes para mediar en la liberación de presos políticos, pero los caminos no siempre están abiertos. "Es un tema difícil de tratar", explicó monseñor Zárate, no solo para la Iglesia, sino también para otras organizaciones e incluso gobiernos.
Preguntas sin respuesta sobre el futuro de Venezuela
"Todavía quedan muchas preguntas no resueltas de cuál será el futuro inmediato de Venezuela", dijo monseñor Zárate después de reunirse con el Papa. Los obispos expusieron la compleja situación que atraviesa el país, donde el compromiso oficial para unas elecciones presidenciales sigue siendo difuso.
"A lo largo de estos meses nos hemos hecho muchas preguntas y todavía no tenemos suficientes respuestas", añadió. La incertidumbre política se suma a la crisis humanitaria que afecta a millones de venezolanos.
La dignidad humana como prioridad
En medio de este panorama, los obispos han puesto de manifiesto la necesidad de recuperar la primacía de la dignidad de la persona, que es el fundamento de la doctrina social de la Iglesia. "En eso se basaría la libertad de los civiles, los derechos de participación, los caminos de democratización que necesitamos y la superación de intereses meramente partidistas, particulares, por el bien común", afirmó monseñor Zárate.
La Biblia nos recuerda que todos somos creados a imagen de Dios (Génesis 1:27) y que debemos buscar la justicia y la paz. Como dice el Salmo 85:10: "El amor y la verdad se encontrarán; la justicia y la paz se besarán". Esa es la esperanza que la Iglesia venezolana mantiene viva.
Continuidad política: el mismo rostro con diferente nombre
Aunque monseñor Zárate reconoce que "hay un cambio, producto de que ya no está quien antes ocupaba la primera magistratura", también advierte que "hay una continuidad en los actores a nivel político", lo que pone en duda la profundidad del proceso de cambio. Las estructuras de poder parecen haber permanecido intactas, y las decisiones concretas que se esperaban en el ámbito político no han llegado.
El prelado insiste en que, pese a ciertos gestos de apertura, el panorama sigue siendo incierto. "Se esperaban decisiones más concretas en el ámbito de lo político, que todavía no han llegado a materializarse y, por lo tanto, quedan esas inquietudes".
Esta situación recuerda las palabras de Jesús en Mateo 5:9: "Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios". La Iglesia venezolana sigue trabajando por la paz, pero el camino es largo.
El papel de la Iglesia en medio de la crisis
Los obispos venezolanos han asumido un rol de mediación y acompañamiento espiritual. A pesar de las dificultades, siguen tendiendo puentes entre el gobierno y la sociedad civil. "Como pastores, estamos llamados a estar cerca del pueblo, a escuchar sus dolores y a llevar sus clamores ante las autoridades", señaló monseñor Zárate.
La Iglesia también ha denunciado las violaciones a los derechos humanos y ha pedido justicia para los presos políticos. En este contexto, el Papa León XIV ha manifestado su apoyo a la Iglesia venezolana y ha ofrecido su respaldo en la búsqueda de soluciones pacíficas.
Un llamado a la oración y la acción
Para los cristianos, la oración es un arma poderosa. Pero también lo es la acción. La carta de Santiago nos invita a ser hacedores de la palabra y no solo oyentes (Santiago 1:22). En Venezuela, muchos creyentes están organizando redes de apoyo para los presos políticos y sus familias, llevando alimentos, medicinas y consuelo espiritual.
"No podemos quedarnos de brazos cruzados", dijo un líder comunitario en Caracas. "Cada persona que sufre es un hermano nuestro, y debemos actuar como el buen samaritano".
Reflexión final: ¿qué podemos hacer?
La situación de Venezuela nos interpela como cristianos. Nos recuerda que la fe no puede estar separada de la justicia. Como dice Miqueas 6:8: "Ya se te ha declarado lo que es bueno, y lo que el Señor pide de ti: solamente hacer justicia, amar la misericordia y caminar humildemente con tu Dios".
Te invitamos a orar por Venezuela, por sus líderes y por todos los que sufren. También puedes informarte sobre cómo apoyar a las organizaciones que trabajan por los derechos humanos en el país. La esperanza cristiana no es ingenua; es activa y comprometida.
¿Qué puedes hacer tú hoy para ser instrumento de paz en medio de la incertidumbre? Comparte esta reflexión con otros y únete en oración por la reconciliación de Venezuela.
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