Las elecciones locales en Coahuila se acercan, y con ellas surge una oportunidad única para que los cristianos ejerzan su fe en el ámbito público. El próximo 7 de junio, los ciudadanos elegirán a los 25 diputados que conformarán el Congreso local, responsables de crear y modificar las leyes que regirán el estado durante los próximos tres años. Como creyentes, tenemos el deber de informarnos y votar de acuerdo con los valores del Reino de Dios. No se trata de apoyar a un partido político, sino de evaluar propuestas a la luz de la Palabra y la doctrina social cristiana.
Los obispos de las diócesis de Saltillo, Torreón y Piedras Negras han emitido un comunicado ofreciendo principios para orientar el voto. En este artículo, queremos profundizar en esos criterios desde una perspectiva pastoral y ecuménica, recordando que nuestra lealtad primera es a Cristo, no a ideologías humanas. Como dice Proverbios 29:2: "Cuando los justos gobiernan, el pueblo se alegra; cuando los malvados dominan, el pueblo gime" (NVI).
La dignidad humana como fundamento
El primer principio que los líderes eclesiásticos destacan es el respeto por la dignidad de cada persona. Toda ley o política debe proteger lo más sagrado: el derecho a la vida, la familia, la libertad de conciencia y la paz. Esto significa que, al evaluar a los candidatos, debemos preguntarnos: ¿sus propuestas defienden la vida desde la concepción hasta la muerte natural? ¿Promueven el bienestar de la familia como célula básica de la sociedad? ¿Respetan la libertad de los ciudadanos para vivir según sus convicciones?
La Biblia nos recuerda que todos hemos sido creados a imagen de Dios (Génesis 1:27). Por eso, cualquier atentado contra la vida o la dignidad humana es una ofensa al Creador. En este sentido, los cristianos estamos llamados a ser voz de los que no tienen voz: los no nacidos, los ancianos, los enfermos y los marginados. Al votar, debemos elegir a quienes se comprometan a proteger a los más vulnerables.
El bien común sobre el interés particular
El segundo principio es la búsqueda del bien común. Los legisladores deben actuar independientemente de intereses partidistas o personales, y trabajar por leyes que beneficien a todos, especialmente a los más débiles. Una mala decisión política puede perjudicar gravemente a los pobres y desfavorecidos. Por eso, es crucial analizar si las propuestas de los candidatos promueven la justicia social y la equidad.
Jesús nos enseñó que "todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos, por más pequeños que fueran, a mí me lo hicieron" (Mateo 25:40, NVI). Al votar, estamos decidiendo cómo se distribuirán los recursos y oportunidades en nuestra comunidad. Debemos optar por aquellos que prioricen la atención a los necesitados y la creación de condiciones para que todos puedan vivir con dignidad.
Solidaridad y subsidiariedad: pilares de una sociedad justa
Los obispos también mencionan la solidaridad y la subsidiariedad como principios clave. La solidaridad nos llama a reconocernos como miembros de una misma familia humana, responsables unos de otros. En Coahuila, problemas como la migración, el desempleo y la escasez de agua requieren soluciones que broten de la compasión y el compromiso cristiano. El voto debe favorecer programas que promuevan la justicia social y la fraternidad, en lugar de políticas que excluyan o discriminen.
Por otro lado, la subsidiariedad nos recuerda que las decisiones deben tomarse al nivel más cercano posible a los afectados. Las leyes deben respetar la autonomía de las comunidades locales y la sociedad civil, interviniendo solo cuando sea necesario para proteger el bien común. Esto implica apoyar a candidatos que valoren la participación ciudadana y la descentralización del poder.
La paz como fruto de la justicia
Un tema recurrente en el comunicado es la paz. La paz no es simplemente la ausencia de conflicto, sino el resultado de una sociedad donde reina la justicia. Como dice Santiago 3:18: "En fin, los que trabajan por la paz cosechan frutos de justicia" (NVI). Al votar, debemos buscar candidatos que promuevan el diálogo, la reconciliación y la resolución pacífica de conflictos, en lugar de la confrontación o el odio.
En un contexto electoral donde las campañas suelen estar llenas de ataques y promesas vacías, los cristianos estamos llamados a ser diferentes. Debemos orar por nuestros gobernantes y por el proceso electoral, y actuar con integridad y respeto hacia todos, incluso hacia aquellos con quienes no estamos de acuerdo. Como dice 1 Timoteo 2:1-2: "Exhorto ante todo, a que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que vivamos una vida tranquila y pacífica en toda piedad y dignidad" (RVR1960).
Reflexión final: ¿Cómo votar con fe?
Al acercarse el día de las elecciones, tómate un tiempo para investigar a los candidatos y sus propuestas. No votes por inercia o lealtad partidista, sino con conciencia informada. Pregúntate: ¿cuál de estos aspirantes defiende mejor la vida, la familia y la libertad? ¿Quién demuestra un compromiso genuino con los pobres y marginados? ¿Qué propuestas fomentan la paz y la unidad en nuestra sociedad?
Recuerda que tu voto es una herramienta poderosa para construir el Reino de Dios en la tierra. No lo des por sentado. Ora antes de votar, pide sabiduría al Señor y actúa con valentía. Como dice Proverbios 11:14: "Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo; mas en la multitud de consejeros está la seguridad" (RVR1960). Que tu voto sea un acto de fe y amor por tu prójimo.
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