La Feria Nacional de San Marcos, que se realiza cada año en Aguascalientes, es uno de los eventos más esperados en México. Durante casi dos siglos, ha sido un espacio de encuentro, cultura y convivencia familiar. Sin embargo, en medio del bullicio y la alegría, también surgen realidades que invitan a la reflexión. El obispo de la diócesis, monseñor Juan Espinoza Jiménez, ha hecho un llamado a no perder de vista lo esencial: la verdadera alegría que nace de un corazón en paz con Dios y con los demás.
En su mensaje, el obispo recordó que la feria no es solo un evento comercial o de entretenimiento, sino que tiene un profundo significado para la identidad del pueblo de Aguascalientes. “Es un momento de encuentro, de tradición, de identidad”, afirmó. Pero también advirtió que, sin valores sólidos, cualquier celebración puede convertirse en un vacío que deja tristeza en lugar de gozo.
La Biblia nos enseña que la alegría verdadera no depende de las circunstancias externas. El apóstol Pablo escribió: “Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense!” (Filipenses 4:4, NVI). Esta alegría es fruto del Espíritu y no se encuentra en el exceso ni en la distracción, sino en la presencia de Dios.
¿Qué está pasando en la Feria de San Marcos?
Cada año, la Feria de San Marcos atrae a miles de personas con conciertos, eventos taurinos, exposiciones ganaderas y actividades culturales. Sin embargo, también se han denunciado ambientes de consumo excesivo de alcohol, drogas y situaciones de riesgo. Muchos asistentes llegan buscando llenar un vacío interior, pero terminan sintiéndose más solos que antes.
Monseñor Espinoza Jiménez señaló que, con realismo pastoral, es necesario reconocer que “en medio de esta fiesta se hacen presentes otras realidades: excesos, desorden, ambientes que favorecen el consumo desmedido de alcohol, de drogas, situaciones de riesgo, violencia, soledad y a veces una profunda sensación de vacío interior”. Su llamado no es a cancelar la feria, sino a vivirla con conciencia y valores cristianos.
Jesús mismo nos advirtió sobre los peligros de las distracciones mundanas. En la parábola del sembrador, dijo que la semilla que cayó entre espinos representa a quienes “oyen la palabra, pero las preocupaciones de esta vida, el engaño de las riquezas y muchos otros malos deseos entran y ahogan la palabra, de modo que esta no llega a dar fruto” (Marcos 4:18-19, NVI). La feria puede ser una oportunidad para compartir en familia, pero también puede convertirse en un espino que ahogue lo que realmente importa.
Recuperar la verdadera alegría: ¿cómo hacerlo?
La verdadera alegría no se compra ni se encuentra en un concierto o en una copa de más. Es un regalo de Dios que nace de la comunión con Él y con los hermanos. El obispo invitó a los asistentes a preguntarse: “¿Dónde está la verdadera alegría de mi vida?”. Esta pregunta, similar a la que se hacían los discípulos de Emaús mientras caminaban tristes, nos lleva a reconocer que solo en Cristo encontramos plenitud.
Para recuperar esa alegría, el obispo sugirió algunas acciones concretas:
- Priorizar la familia: Disfrutar de la feria en compañía de seres queridos, fortaleciendo los lazos de amor y respeto.
- Evitar los excesos: Consumir con moderación y no dejarse llevar por la presión social.
- Participar en las actividades pastorales: La feria incluye celebraciones eucarísticas en la iglesia de San Marcos, que son una oportunidad para alimentar el espíritu.
- Ser testigos de esperanza: En medio de la multitud, llevar una actitud de servicio y amabilidad, reflejando el amor de Cristo.
El apóstol Pedro nos anima: “Vivan siempre alegres, oren sin cesar, den gracias a Dios en toda situación” (1 Tesalonicenses 5:16-18, NVI). La alegría cristiana no es superficial, sino profunda y duradera, porque está anclada en la esperanza de la resurrección.
Un llamado a la reflexión para todos
La Feria de San Marcos es un espejo de nuestra sociedad: una mezcla de tradición, fe y mundanalidad. El mensaje del obispo no es solo para los asistentes a la feria, sino para todos los cristianos que participan en cualquier celebración. ¿Estamos buscando la alegría en el lugar correcto? ¿O nos dejamos llevar por el ruido y el vacío?
La próxima vez que asistas a un evento masivo, tómate un momento para hacer una pausa. Pregúntate: “¿Qué estoy buscando aquí? ¿Estoy alimentando mi espíritu o solo entreteniendo mi carne?”. Dios nos invita a celebrar, pero con un corazón agradecido y sobrio. Como dice el salmista: “El gozo del Señor es nuestra fortaleza” (Nehemías 8:10, NVI). Que esa sea la verdadera alegría que nos llene.
Para terminar, te dejamos una reflexión: ¿Cómo puedes vivir las próximas fiestas o celebraciones de una manera que honre a Dios y fortalezca tus relaciones? Comparte este mensaje con alguien que necesite recordar que la alegría verdadera está en Jesús.
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