El Papa León XIV, elegido en mayo de 2025 como sucesor del Papa Francisco, visitó recientemente Angola. Al llegar, se reunió primero con el presidente João Lourenço y luego pronunció un discurso significativo ante representantes de la política, la sociedad civil y el cuerpo diplomático. El Pontífice se describió a sí mismo como un peregrino que busca las huellas de Dios en esta tierra que ama. Esta visita está marcada por la esperanza y el diálogo en una región que, tras años de conflicto y desafíos, anhela reconciliación y renovación.
En su discurso, el Papa destacó la importancia de escuchar y animar a quienes ya trabajan por el bien, la justicia y la paz. Al mismo tiempo, llamó junto con todas las personas de buena voluntad a la conversión de quienes toman caminos opuestos y obstaculizan el desarrollo armónico del país. Este mensaje de reconciliación recuerda las palabras del apóstol Pablo:
"Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo." (Efesios 4:15 NVI)
La responsabilidad de los líderes
Dirigiéndose directamente a los líderes presentes, el Papa León XIV subrayó el potencial de Angola para un desarrollo sólido. Los animó a creer en la diversidad de las riquezas del país y a no temer los desacuerdos. Las visiones de los jóvenes y los sueños de los mayores no deben ser sofocados, sino considerados como fuente de renovación. Los conflictos, dijo el Papa, no deben evitarse, sino transformarse en caminos de renovación.
Una exigencia central de su discurso fue priorizar el bien común sobre los intereses particulares. El Papa advirtió contra confundir la parte con el todo, y aseguró que la historia dará la razón a quienes trabajan por el bien de todos, incluso si encuentran resistencia en el momento. Esta actitud encuentra base bíblica en el servicio de Jesús, quien vino
"no para que se le sirva, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos." (Marcos 10:45 NVI)
La fuerza de la verdadera alegría
El Papa León XIV dedicó una parte importante de su discurso a la verdadera alegría, que describió como algo que intensifica la vida y conduce a la comunidad. Esta alegría surge cuando las personas aportan sus capacidades interpersonales, contribuyen al bien común y son reconocidas en su dignidad única. No es un sentimiento superficial, sino una actitud espiritual profunda que puede abrir caminos incluso en tiempos oscuros de estancamiento y dificultad.
El Papa invitó a sus oyentes a examinar su corazón, porque sin alegría no hay renovación, sin interioridad no hay liberación, sin encuentro no hay política y sin el otro no hay justicia. Estas reflexiones recuerdan la alegría de la que canta el salmista:
"Me has dado a conocer la senda de la vida; me llenarás de alegría en tu presencia, y de dicha eterna a tu derecha." (Salmo 16:11 NVI)
La Iglesia como levadura en la sociedad
Finalmente, el Pontífice hizo un llamado a todos los presentes para hacer juntos de Angola un proyecto de esperanza. La Iglesia católica, cuyo trabajo es apreciado por el bien del país, desea ser como levadura en la masa y promover el crecimiento de un modelo justo de convivencia. Este modelo debe estar libre de las formas de esclavitud impuestas por élites con mucho dinero y falsas alegrías.
Solo juntos, dijo el Papa, pueden multiplicarse los dones de este pueblo maravilloso. Esta visión de una Iglesia que actúa sirviendo y transformando la sociedad corresponde al llamado de Jesús a ser sal de la tierra y luz del mundo, trabajando incansablemente por el reino de Dios en medio de los desafíos contemporáneos.
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