El amor de Dios sanó mis heridas: el testimonio de Ángela Sumner

Fuente: EncuentraIglesias Editorial

Ángela Sumner cargó durante décadas las cicatrices de un pasado doloroso. Desde pequeña, sintió el vacío dejado por la ausencia de su padre y, durante un viaje de la iglesia en la adolescencia, sufrió abuso sexual a manos del hijo de un diácono. Ese trauma la hizo creer que nadie podía protegerla, ni siquiera Dios.

El amor de Dios sanó mis heridas: el testimonio de Ángela Sumner

“Solo quería ser amada y sentirme segura”, recuerda Ángela. Pero, en lugar de encontrar refugio, aprendió a desconfiar de todos y a tratar de controlar cada aspecto de su propia vida. La búsqueda de seguridad la llevó por caminos tortuosos: alcohol, drogas, relaciones vacías e incluso el ocultismo.

“Sentía que tenía que depender de mí misma para todo. Necesitaba tener el control de todas las situaciones para garantizar mi protección y mis necesidades básicas. Y estaba completamente agotada”, confiesa.

La huida hacia el ocultismo

En la universidad, Ángela comenzó a practicar yoga y meditación, que la llevaron a sumergirse en el ocultismo. Evitaba a Dios, creyendo que Él solo la veía como una pecadora indigna. “No quería encontrar a Dios. Solo lo veía como alguien que odiaba mis pecados”, dice.

Sin embargo, en medio de tanta oscuridad, una amiga insistía en invitarla a la iglesia. Un día, Ángela aceptó la invitación y, por primera vez, sintió la presencia de Dios de manera real. “Sentí un amor que nunca había experimentado. Era como si un peso inmenso se quitara de mis hombros”, testifica.

El encuentro que lo cambió todo

Ángela se rindió a Cristo y comenzó un proceso de sanidad interior. Buscó consejería bíblica y empezó a estudiar las Escrituras. Versículos como Salmos 34:18 — «Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu» — se convirtieron en anclas para su alma.

“Jesús me llenó de una manera que nada ni nadie jamás pudo. Él es el Padre que nunca me abandonó”, afirma Ángela, hoy sana y libre. Encontró propósito en ayudar a otras mujeres que han sufrido traumas similares, compartiendo su historia como prueba del poder restaurador de Dios.

Lo que la Biblia dice sobre la sanidad de traumas

La Palabra de Dios está llena de promesas de restauración para los quebrantados de corazón. En Isaías 61:1-3, leemos que el Señor envió a su Ungido «para sanar a los quebrantados de corazón» y «para consolar a todos los que lloran». Jesús mismo declaró: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar» (Mateo 11:28).

No importa cuán profundo sea el dolor, Dios es experto en transformar cenizas en belleza. Él no solo sana las heridas, sino que nos da una nueva identidad en Cristo.

Un nuevo comienzo

Hoy, Ángela Sumner es una voz de esperanza para muchos. Ministra en iglesias y eventos, contando cómo el amor de Dios la liberó de la amargura y el miedo. Su testimonio resuena con el Salmo 40:2-3: «Me sacó del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre una roca y afirmó mis pasos. Puso en mi boca un cántico nuevo, un himno de alabanza a nuestro Dios».

Si tú también cargas traumas del pasado, sabe que Dios no está lejos. Él se preocupa y desea restaurar cada área de tu vida. Busca ayuda en una comunidad cristiana saludable, ora y permite que el amor del Padre sane tus heridas más profundas.

Reflexión para el lector

¿Qué áreas de tu vida necesitan ser entregadas a Dios hoy? No importa lo que hayas vivido, Él es fiel para completar la obra de sanidad en ti. Recuerda: el trauma no tiene la última palabra; Jesús ya venció.


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