Mai nació en Irak, en un hogar donde la fe cristiana se distorsionaba para justificar la violencia. Su madre falleció cuando ella tenía solo 10 años, y desde entonces su padre, que se decía cristiano, comenzó a tratarla con una rigidez extrema, alegando que cumplía la 'ira de Dios'. Ella creció creyendo que no merecía amor, compasión ni cuidado. 'Acepté todo: el abuso verbal, la falta de autoestima, la falta de amor propio. Pensé que no era digna de nada', recuerda Mai en una entrevista.
La cultura patriarcal de Oriente Medio contribuyó a que se sintiera aún más atrapada. A los 14 años, su familia se mudó a Nueva York, Estados Unidos, pero el cambio de país no trajo alivio. Al contrario, el comportamiento abusivo de su padre se intensificó, y ejercía un control enfermizo sobre cada aspecto de su vida.
La doble vida de una adolescente
En la escuela, Mai parecía una joven común, pero en casa vivía un infierno. 'Llevaba una doble vida; nadie sabía lo que estaba pasando, ni siquiera mis amigos de Oriente Medio', cuenta. Su padre le prohibía usar el cabello suelto, y cuando desobedeció, fue severamente castigada. La violencia física y psicológica era constante, y Mai sentía que no tenía a dónde huir.
El punto de inflexión
En medio de la desesperación, Mai comenzó a cuestionar la fe que su padre decía tener. Recuerda haber escuchado sermones sobre un Dios de amor, pero solo veía opresión en casa. Fue entonces cuando una amiga la invitó a una iglesia local. 'Fue la primera vez que sentí el amor de Dios de verdad', dice. Empezó a leer la Biblia y encontró esperanza en versículos como
'El Señor es mi pastor; nada me faltará' (Salmo 23:1, NVI).
La huida y el encuentro con Jesús
A los 17 años, Mai tomó la valiente decisión de huir de casa. Con la ayuda de miembros de la iglesia, encontró refugio y comenzó una nueva vida. 'Jesús me dio fuerzas para salir de esa situación. Me mostró que yo era valiosa para Él', testifica. Hoy, Mai es defensora de los derechos de las mujeres y comparte su testimonio para animar a otras víctimas de abuso.
Encontró sanidad emocional a través de la fe. 'Dios restauró mi autoestima. Ahora sé que soy amada incondicionalmente', afirma. Mai también se dedica a ayudar a refugiados e inmigrantes que enfrentan situaciones similares.
Lo que la Biblia dice sobre el abuso y la opresión
La Palabra de Dios es clara al condenar la violencia y el abuso. En Salmo 72:12-14 (NVI), leemos: 'Porque él librará al necesitado que clama, y al pobre que no tiene quien lo ayude. Tendrá compasión del débil y del necesitado, y salvará la vida de los necesitados. Los rescatará de la opresión y la violencia, y la sangre de ellos será preciosa a sus ojos.'
Dios nunca aprueba el abuso, incluso cuando lo practica alguien que se dice religioso. Jesús vino para traer libertad, no esclavitud. 'Así que, si el Hijo os liberta, seréis verdaderamente libres' (Juan 8:36, NBLA).
Un mensaje de esperanza
Si estás pasando por una situación de abuso, debes saber que Dios ve tu dolor y quiere liberarte. No tengas miedo de buscar ayuda. La iglesia de Cristo está llamada a ser un refugio para los oprimidos. 'Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso' (Mateo 11:28, NVI).
Que la historia de Mai te inspire a confiar en Dios y a buscar la verdadera libertad que solo Él puede dar. Reflexiona: ¿cómo puedes ser un instrumento de sanidad para alguien que sufre?
Comentarios