Liza Colón-Zayas, conocida por su papel ganador del Emmy como Tina en la exitosa serie The Bear, compartió recientemente su viaje espiritual en una entrevista sincera. Creció en un hogar católico devoto en el Bronx, asistiendo a misa todos los domingos e incluso sirviendo como monaguilla. Pero al crecer, la fe que antes se sentía natural comenzó a sentirse como un disfraz que ya no le quedaba. Su historia es una que muchos cristianos pueden entender: un lento alejamiento de la creencia infantil hacia la incertidumbre adulta.
Para Colón-Zayas, la transición no fue dramática. No hubo una sola crisis de fe ni un evento traumático. En cambio, fue una realización gradual de que ya no creía en el Dios de su infancia. Ahora se describe a sí misma como agnóstica, abierta a la posibilidad de algo más grande pero no convencida por las doctrinas que una vez sostuvo.
El papel de la comunidad y la tradición
Una de las partes más conmovedoras de su historia es su conexión continua con la comunidad de la iglesia. Incluso cuando sus creencias personales cambiaron, mantuvo un sentido de pertenencia. Todavía asiste a misa ocasionalmente, no por convicción sino por el deseo de estar con su familia y honrar las tradiciones que la formaron. Esta tensión, entre la duda personal y la lealtad comunitaria, es un poderoso recordatorio de que la fe a menudo se vive en relación, no solo en convicción individual.
Como dice la Biblia: "Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mateo 18:20, NVI). Incluso cuando luchamos con la creencia, la comunidad reunida puede ser un lugar de gracia y honestidad.
Lo que la iglesia puede aprender de su historia
El viaje de Colón-Zayas no es único. Muchas personas criadas en la iglesia se encuentran cuestionando cuando son adultos. Su honestidad nos invita a considerar cómo podemos crear espacios donde la duda no se vea como un fracaso sino como un paso en una búsqueda más profunda de la verdad. La iglesia primitiva también luchó con la duda: Tomás necesitó ver las heridas de Cristo antes de poder creer (Juan 20:24-29). Jesús no lo rechazó por su duda; al contrario, le ofreció la evidencia que necesitaba.
Si queremos llegar a personas como Colón-Zayas, debemos estar dispuestos a escuchar sus historias sin juzgar. Debemos estar listos para acompañarlas en su viaje, incluso si ese viaje las aleja de los bancos de la iglesia por un tiempo.
Reflexiones prácticas para los lectores
Si tú o alguien que amas está atravesando una temporada de duda, anímate. Dios no le teme a tus preguntas. Los Salmos están llenos de clamores de lamento y confusión. Considera iniciar una conversación con un amigo de confianza o un pastor. También puedes encontrar consuelo al leer la historia del padre que exclamó: "¡Creo; ayuda mi incredulidad!" (Marcos 9:24, NVI).
Para aquellos que nunca han dudado, la historia de Liza es una invitación a la empatía. En lugar de ver a los amigos agnósticos como perdidos, mírenlos como compañeros de viaje. Su amor y presencia pueden ser el argumento más convincente para la fe que jamás encuentren.
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