En el corazón del Pacífico colombiano, una comunidad herida pero resiliente ha encontrado una nueva forma de honrar a sus víctimas y clamar por la paz. Se trata de la custodia inspirada en el Cristo Mutilado, una imagen que sobrevivió a la masacre de Bojayá en 2002 y que ahora se convierte en un llamado a la reconciliación. Este objeto sagrado, elaborado por el orfebre Francisco Javier Martínez Vargas, no solo es una obra de arte, sino un testimonio de fe y un recordatorio de que la vida siempre puede renacer de las cenizas.
La tragedia de Bojayá ocurrió el 2 de mayo de 2002, cuando un cilindro bomba lanzado por las FARC cayó sobre la iglesia San Pablo Apóstol, donde se refugiaban cientos de personas. El saldo fue devastador: 119 muertos, entre ellos 48 niños. Entre los escombros, los sobrevivientes encontraron una imagen de Jesús sin brazos ni piernas, que se convirtió en un símbolo de la barbarie, pero también de la necesidad de seguir luchando por la paz.
La custodia: un diseño lleno de significado
La nueva custodia, consagrada el pasado sábado en el marco del 24 aniversario de la masacre, representa al Cristo Mutilado en su forma original. En el centro, un ostensorio alberga la hostia consagrada, mientras que en la base se pueden apreciar 48 ángeles y 71 flores, que simbolizan a cada una de las víctimas. Cada detalle fue pensado para rendir homenaje a quienes perdieron la vida y para recordar a las nuevas generaciones que la guerra nunca debe repetirse.
El obispo de Quibdó, monseñor Winston Mosquera Moreno, presidió la ceremonia de consagración y luego encabezó una procesión que llevó la custodia desde la iglesia San Pablo Apóstol hasta la catedral de Quibdó, a través del río Atrato. Durante la misa, el obispo afirmó: “Este es un momento para decir que nunca más la guerra debería asomarse a estos territorios y que como pueblo debemos poder vivir en paz”. Sus palabras resonaron en los corazones de los asistentes, muchos de los cuales aún llevan las cicatrices de aquel fatídico día.
La fe como motor de reconciliación
La iniciativa de crear esta custodia fue de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), una organización que ha trabajado incansablemente por la memoria y la reconciliación en Colombia. Para ellos, este objeto sagrado no es solo un adorno litúrgico, sino una herramienta para sanar heridas y construir puentes. Como dice el Salmo 34:18: “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu” (RVR1960). Esta promesa bíblica cobra vida en cada rincón de Bojayá, donde la fe ha sido el ancla en medio de la tormenta.
La comunidad, por su parte, ha acogido la custodia con devoción. Muchos ven en ella una señal de que Dios no los ha abandonado, y que incluso en medio del sufrimiento, hay espacio para la esperanza. “Es como si Jesús nos dijera que, aunque esté mutilado, sigue siendo nuestro Salvador”, comentó una de las sobrevivientes durante la procesión.
Lecciones de paz para toda América Latina
La historia de Bojayá no es solo colombiana; es un espejo en el que muchos países de la región pueden mirarse. Los conflictos armados, la violencia y la injusticia han dejado cicatrices profundas en todo el continente. Sin embargo, la respuesta de esta comunidad nos enseña que la paz no es solo la ausencia de guerra, sino la presencia de justicia, perdón y amor al prójimo.
Jesús dijo en el Sermón del Monte: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5:9, NVI). Esta bienaventuranza nos desafía a todos a ser agentes de reconciliación en nuestros propios entornos. No necesitamos ser líderes políticos o religiosos; cada pequeño gesto de bondad y cada palabra de aliento pueden ser semillas de paz.
El papel de la Iglesia en la construcción de memoria
La Iglesia, como cuerpo de Cristo, tiene la responsabilidad de ser voz de los sin voz y de recordar al mundo que la violencia nunca es el camino. En Bojayá, la comunidad católica ha sido un pilar fundamental para mantener viva la memoria de las víctimas y para promover el perdón. Como está escrito en Romanos 12:18: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (RVR1960).
La custodia del Cristo Mutilado es un ejemplo de cómo el arte sacro puede convertirse en un vehículo de sanación. Al contemplarla, los fieles no solo adoran a Dios, sino que también se comprometen a trabajar por un mundo donde tragedias como la de Bojayá no vuelvan a ocurrir.
Un llamado a la acción
Hoy, más que nunca, necesitamos ser defensores de la paz. La historia de Bojayá nos interpela: ¿qué estamos haciendo para construir reconciliación en nuestras familias, comunidades y países? La respuesta no es fácil, pero la fe nos da la fuerza para intentarlo. Como dice el profeta Isaías: “Y convertirán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra” (Isaías 2:4, NVI).
Te invitamos a orar por Colombia y por todas las regiones del mundo que sufren violencia. Que el ejemplo del Cristo Mutilado nos recuerde que, incluso en medio de la adversidad, Dios está con nosotros, y que su amor es más fuerte que cualquier cilindro bomba. ¿Te unes a esta cadena de oración y acción por la paz?
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