En una reciente entrevista con una publicación eclesiástica suiza, el arzobispo emérito de Viena, cardenal Christoph Schönborn, habló abiertamente sobre sus años de estudio en Alemania y Francia. Allí relató las profundas crisis de fe que experimentó como joven dominico. Sus vivencias iluminan una época de transformación en la Iglesia católica y ofrecen valiosas lecciones para los cristianos que hoy enfrentan dudas.
El desafío de la escuela de Bultmann
Schönborn comenzó sus estudios de teología en 1967 en Colonia. Allí se encontró con las enseñanzas de la llamada escuela de Bultmann, que proponía una interpretación existencialista de la Biblia. Esta corriente cuestionaba radicalmente las creencias tradicionales: la filiación divina de Jesús era vista como un mito, y la resurrección corporal de Cristo se reducía a la mera continuidad de su causa. Para el joven Schönborn fue un shock: "Vi con estupefacción lo que se enseñaba, a veces fascinado y a veces perdiendo el piso", recordó.
Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 8:38-39, Reina-Valera 1960)
Estos versículos de la carta a los Romanos muestran que el amor inquebrantable de Dios en Cristo es un fundamento que sostiene incluso en tiempos de prueba. Las experiencias de Schönborn nos recuerdan la importancia de tener ese fundamento cuando las corrientes intelectuales desafían nuestra fe.
El traslado a Francia y los acontecimientos de 1968
Ante su desconcierto, Schönborn pidió a sus superiores un cambio de lugar. Le permitieron ir a Francia para continuar sus estudios. Pero allí también vivió una convulsión profunda: el año 1968. En Francia, vio cómo en poco tiempo casi todos los seminarios cerraron. Lo que en Alemania había sido un desafío intelectual, en Francia se volvió existencial. "La crisis fue que se me desvanecieron los fundamentos existenciales y teológicos de mi fe", explicó. Fue un cuestionamiento radical de todo lo que había conocido como joven cristiano y monaguillo entusiasta en su parroquia.
La búsqueda de una teología sólida
En esa crisis, Schönborn buscó teólogos que lo ayudaran a redescubrir la fe. Encontró en Joseph Ratzinger, el futuro papa Benedicto XVI, una unión entre tradición y actualidad viva. En Hans Küng, en cambio, no halló ese equilibrio. En París, con un pequeño grupo de amigos, comenzó a estudiar a los padres de la Iglesia. Ese estudio le abrió un mundo nuevo. Descubrió a grandes teólogos del siglo XX como Henri de Lubac y Yves Congar, con quienes estudió. Estos encuentros lo ayudaron a comprender la fe en una nueva profundidad y a decirle que sí.
Lecciones para la fe de hoy
Las experiencias de Schönborn muestran que las crisis de fe no tienen por qué ser el final, sino que pueden conducir a una fe más madura y profunda. El enfrentarse a corrientes de pensamiento modernas puede desconcertar, pero también puede motivarnos a entender y fundamentar mejor nuestra fe. La misma Biblia conoce estas crisis: el salmista clama a Dios en la angustia, y Jesús mismo experimentó en la cruz el sentimiento de abandono.
Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? (Salmo 22:1, Reina-Valera 1960)
Pero incluso en esa crisis más profunda, la fe
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