Cuando la guerra estalló en Líbano a principios de 2025, trabajadores migrantes como Grace, una cristiana keniana, se encontraron de repente sin empleo y desplazados. Grace había llegado a Líbano tres años antes, esperando ganar dinero para su hija que había quedado en su país. Pero después de solo un día de trabajo con una nueva empresa de limpieza, fue despedida cuando las bombas comenzaron a caer sobre Beirut. «Solo trabajé un día», dijo, habiendo ganado apenas 15 dólares por ocho horas de limpieza profunda.
La historia de Grace no es única. Se estima que 164,000 trabajadores migrantes viven en Líbano, muchos de países africanos y asiáticos. El sistema kafala vincula su residencia a un empleador, dejándolos vulnerables a la explotación. Cuando la guerra entre Hezbolá e Israel comenzó el 2 de marzo, un tercio de estos trabajadores fueron desplazados o quedaron atrapados en zonas de alto riesgo. Con poco apoyo del gobierno o de sus embajadas, la comunidad migrante ha recurrido a los suyos y a organizaciones cristianas locales en busca de ayuda.
Fe en acción: Alimentando al hambriento
En medio del caos, los migrantes cristianos se han convertido en un salvavidas para los desplazados. Muchos han abierto sus hogares y compartido lo poco que tienen. Iglesias y organizaciones locales se han movilizado para distribuir alimentos, agua y kits de higiene. Como dice la Biblia: «Si alguien tiene bienes materiales y ve a su hermano pasar necesidad, pero no tiene compasión de él, ¿cómo puede morar el amor de Dios en esa persona?» (1 Juan 3:17, NVI). Este versículo ha inspirado a muchos a actuar.
Uno de estos grupos es una pequeña congregación de cristianos kenianos que se reúne en un espacio alquilado en Beirut. Han iniciado una distribución semanal de alimentos para familias migrantes que han perdido sus ingresos. «No somos ricos, pero tenemos fe», dijo Esther, una líder del grupo. «Dios provee, y nosotros compartimos». El grupo también ofrece oración y consejería, recordando a los desplazados que no están olvidados.
El evangelio de la esperanza
Para los migrantes cristianos, servir a otros también es una forma de compartir la esperanza del evangelio. En un contexto de miedo e incertidumbre, ofrecen un mensaje de paz. «No se angustien por nada, sino en toda situación, mediante oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios con acción de gracias» (Filipenses 4:6, NVI). Esta promesa resuena profundamente en quienes lo han perdido todo.
Muchos migrantes desplazados nunca antes habían escuchado el evangelio. Ahora lo están conociendo a través de actos de bondad. «La gente está abierta a escuchar acerca de Jesús cuando ve su amor en acción», dijo un pastor de una iglesia evangélica local. La iglesia se ha asociado con grupos de migrantes para proveer refugio y estudios bíblicos. Más de 50 personas han llegado a la fe en las últimas semanas, según los registros de la iglesia.
Desafíos prácticos y provisión de Dios
A pesar de su dedicación, los migrantes cristianos enfrentan desafíos inmensos. Muchos son indocumentados, lo que les da miedo buscar ayuda. Otros luchan con el trauma y el dolor. Sin embargo, continúan sirviendo, confiando en la provisión de Dios. «Te basta mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad» (2 Corintios 12:9, NVI). Este versículo se ha convertido en un grito de batalla para los voluntarios.
Organizaciones sin fines de lucro locales han intervenido para apoyar estos esfuerzos. Una de ellas, Mercy House Lebanon, brinda asistencia financiera a familias migrantes y les ayuda a encontrar vivienda segura. «No podemos resolver la guerra, pero podemos mostrar compasión», dijo el director. La organización también aboga por cambios en las políticas para proteger a los trabajadores migrantes.
Reflexión: ¿Qué podemos hacer?
La historia de los migrantes cristianos en Líbano nos desafía a considerar nuestra propia respuesta al sufrimiento. ¿Cómo podemos apoyar a quienes están desplazados y son vulnerables? Quizás podamos orar, dar o crear conciencia. Como dijo Jesús: «De cierto les digo que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos más pequeños, por mí lo hicieron» (Mateo 25:40, NVI). No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos.
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