En las montañas remotas del norte de Vietnam, Vang A Canh (un seudónimo para proteger su identidad) llevaba una vida tranquila en su aldea hmong. Como muchos miembros de esta minoría étnica, practicaba el culto a los ancestros y los ritos animistas transmitidos por la tradición. Su familia disfrutaba de un ingreso estable gracias a un programa de reforestación apoyado por el gobierno, complementado con un huerto y trabajo ocasional en los campos. Mientras seguía las costumbres religiosas locales, estaba plenamente integrado en la comunidad.
Todo cambió en 2023 cuando Vang A Canh descubrió el Evangelio y se convirtió al cristianismo junto con toda su familia. En un contexto donde la religión está íntimamente ligada a la identidad del clan, tal decisión se percibe como una ruptura con los ancestros y el orden comunitario. Al principio, los aldeanos observaron esta conversión con desconfianza, pero cuando la familia perseveró en su fe, comenzaron las presiones.
Exclusión social y económica
Poco a poco, Vang A Canh fue marginado. Los aldeanos dejaron de ofrecerle trabajo en los campos, y ya no fue invitado a fiestas ni reuniones comunitarias. La situación empeoró cuando se cortó el acceso de su familia al agua potable y a las instalaciones sanitarias. En una región rural pobre, tal privación es extremadamente grave: sin agua, es difícil cocinar, lavarse y mantener una higiene básica.
«Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mateo 5:10, RVR1960)
Esta persecución silenciosa también priva a los hijos de Vang A Canh de un futuro. Sin ingresos estables, no puede cubrir sus necesidades ni ofrecerles una educación digna. La familia vive en la precariedad, dependiendo de la ayuda de cristianos de otras regiones.
La persecución religiosa en Vietnam
Vietnam se encuentra entre los países donde los cristianos son más perseguidos, según organizaciones como Puertas Abiertas. Aunque la constitución garantiza la libertad religiosa, las minorías étnicas convertidas al cristianismo a menudo sufren presiones sociales y económicas. En las regiones remotas, las autoridades locales a veces hacen la vista gorda ante estas discriminaciones, o incluso las fomentan.
La familia de Vang A Canh no es un caso aislado. Muchos creyentes hmong enfrentan el ostracismo y la pobreza después de su conversión. Sin embargo, su fe permanece inquebrantable, como lo demuestra el apóstol Pablo:
«¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?» (Romanos 8:35, RVR1960)
Cómo apoyar a los cristianos perseguidos
Como hermanos y hermanas en la fe, estamos llamados a orar por aquellos que sufren por su fe. Aquí hay algunas acciones concretas que puedes tomar:
- Orar regularmente por los cristianos perseguidos en Vietnam y en todo el mundo.
- Apoyar a organizaciones como Puertas Abiertas o Ayuda a la Iglesia Necesitada, que brindan ayuda material y espiritual.
- Informarse sobre la situación de los cristianos en países donde la libertad religiosa está restringida.
Reflexión y oración
La historia de Vang A Canh nos interpela: ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar para seguir a Cristo? En nuestras sociedades donde la fe es a menudo cómoda, olvidamos que millones de creyentes pagan un alto precio por su compromiso. Tomemos un momento para agradecer a Dios por nuestra libertad y para interceder por nuestros hermanos y hermanas perseguidos.
«Acordaos de los presos, como si estuvierais presos juntamente con ellos; y de los maltratados, como que también vosotros mismos estáis en el cuerpo» (Hebreos 13:3, RVR1960)
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