En los últimos meses, Colombia ha sido testigo de una escalada alarmante de violencia contra líderes religiosos. Asesinatos, secuestros y desapariciones forzadas se han vuelto cada vez más frecuentes, especialmente en zonas rurales donde grupos armados ilegales ejercen una fuerte influencia. Ante este panorama, organizaciones cristianas y defensores de derechos humanos han lanzado una campaña urgente para restaurar las medidas de protección que el gobierno eliminó en 2023.
La campaña, liderada por Christian Solidarity Worldwide (CSW), busca revertir la exclusión de los líderes religiosos del Sistema Nacional de Protección (SNP), que antes los consideraba un grupo vulnerable. Sin esta protección, pastores y sacerdotes quedan expuestos a amenazas constantes, a menudo sin ningún apoyo del Estado.
Según CSW, desde diciembre de 2024, al menos 11 líderes religiosos han sido asesinados, han desaparecido o han sido secuestrados. Uno de los casos más impactantes fue el del pastor José Otoniel Ortega, de la Iglesia Cuadrangular, asesinado a tiros en la víspera de Año Nuevo mientras celebraba con su comunidad. En otra tragedia, se descubrió una fosa común con los cuerpos de ocho líderes cristianos y sociales, ejecutados por un grupo disidente de las FARC.
“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.” (Mateo 5:9, NVI)
Estos ataques no solo son crímenes contra individuos, sino contra toda la sociedad, pues silencian voces que promueven paz, justicia y reconciliación en comunidades marcadas por el conflicto.
El blanco de los grupos armados
¿Por qué los líderes religiosos son tan atacados? La respuesta está en el papel que desempeñan. En muchas regiones de Colombia, pastores y sacerdotes son referentes de autoridad moral y espiritual, a menudo mediando conflictos y denunciando abusos. Grupos armados como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y disidencias de las FARC los ven como una amenaza a su control sobre las comunidades.
Además, estos grupos frecuentemente intentan reclutar jóvenes o imponer sus propias reglas, y los líderes religiosos que se oponen a estas prácticas se convierten en blancos. La violencia no solo es física; muchos reciben amenazas de muerte, son forzados a dejar sus hogares o sufren intimidación psicológica constante.
El caso de la fosa común
En febrero de 2025, el descubrimiento de una fosa común en el departamento del Cauca conmocionó al país. Ocho cuerpos, de seis hombres y dos mujeres, todos líderes religiosos y comunitarios, fueron encontrados después de ser convocados a una reunión por el grupo armado Frente Armando Ríos. La Fiscalía colombiana investiga el caso como una masacre premeditada.
Esta tragedia expone la fragilidad de la protección a defensores de derechos humanos y líderes religiosos en Colombia. A pesar de los acuerdos de paz de 2016, la violencia persiste en muchas regiones, y los más vulnerables siguen pagando el precio.
Lo que propone la campaña
La campaña de CSW se enfoca principalmente en la reinclusión de los líderes religiosos en el Decreto 1066 y en el SNP, garantizándoles acceso a medidas de seguridad como escoltas, sistemas de alerta y reubicación temporal. Además, se entregará una petición al próximo presidente de Colombia, elegido el 31 de mayo de 2025, exigiendo acciones concretas para proteger a quienes dedican su vida al servicio espiritual y social.
Anna Lee Stangl, directora de CSW para las Américas, declaró: “Colombia ha vuelto a niveles de violencia que recuerdan los días más oscuros del conflicto interno. Los líderes religiosos son voces de paz y justicia, y por eso se convierten en blancos. El próximo gobierno debe priorizar la promesa de ‘paz total’ y reconocer la vulnerabilidad de estos líderes.”
El papel de la iglesia en la promoción de la paz
La Biblia nos llama a ser agentes de paz en medio del caos. En Romanos 12:18 leemos: “Si es posible, en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos.” (NVI). Las iglesias colombianas han sido faros de esperanza en comunidades afectadas por el conflicto, promoviendo el perdón y la reconciliación. Sin embargo, sin protección, su labor se vuelve cada vez más peligrosa. La campaña invita a cristianos de todo el mundo a orar por la paz en Colombia y a firmar la petición para exigir al gobierno que cumpla su deber de proteger a quienes trabajan por el bien común. Juntos, podemos ser la voz que clama justicia y protección para los líderes religiosos en Colombia.
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