El 25 de abril de 2026 se conoció un presunto intento de atentado contra el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca. El sospechoso, Cole Thomas Allen, dejó un manifiesto en el que citaba textos bíblicos para justificar su acción. Esto plantea la pregunta: ¿era Allen un cristiano que malinterpretó la Biblia, o un extremista radical que solo usaba la fe como fachada?
La respuesta es compleja. El especialista en Nuevo Testamento Christoph Heilig comentó en un podcast que Allen se consideraba a sí mismo un cristiano. Pero, ¿cómo pudo alguien que toma la Biblia en serio llegar a cometer un acto tan violento? Este artículo analiza los antecedentes y ofrece lecciones prácticas para los creyentes.
El uso que Allen hizo de la Biblia: una hermenéutica matizada
A diferencia de lo que muchos suponen, Allen no recurrió simplemente a textos violentos del Antiguo Testamento. Más bien, se enfrentó a pasajes clave que contradecían su acción. Por ejemplo, citó la palabra de Jesús sobre poner la otra mejilla (Mateo 5:39) y la instrucción de dar al César lo que es del César (Mateo 22:21). Heilig señala que esto muestra que Allen se movía en un entorno cristiano donde anticipaba objeciones y las tomaba en serio.
Heilig describe el enfoque de Allen como "relativamente sofisticado y mesurado". No era un "apocalíptico desquiciado" que identificara a Trump simplemente como la bestia del Apocalipsis. En cambio, combinó una interpretación política del presente —que consideraba fascista y tiránico— con una justificación religiosa. El peligro no reside tanto en una interpretación bíblica descabellada, sino en la unión de un juicio político extremo con una conciencia cristiana.
La cuestión del tiranicidio: ¿puede un cristiano usar la violencia?
El caso plantea una vieja pregunta teológica: ¿pueden los cristianos resistir con violencia a un tirano? Allen parece haber respondido afirmativamente. Consideraba a Trump un poder tan dañino que la violencia no solo era posible, sino necesaria. Esto recuerda los debates en torno a Dietrich Bonhoeffer, quien participó en la resistencia contra Hitler. Sin embargo, Heilig subraya que, a diferencia de Bonhoeffer, Allen no presentó una ética teológica elaborada, sino que actuó más bien por un juicio espontáneo.
La Biblia misma no da una respuesta sencilla. Por un lado, Pablo en Romanos 13:1-7 llama a obedecer a las autoridades; por otro, el Apocalipsis muestra que los cristianos deben resistir cuando el Estado desobedece el orden divino. La historia de la iglesia incluye tanto mártires que sufrieron violencia como combatientes de la resistencia que la usaron. No hay una respuesta general; cada creyente debe decidir en su conciencia delante de Dios.
Advertencia contra el lenguaje desenfrenado y la polarización política
Heilig advierte que no debemos descartar el caso de Allen como un simple delirio religioso. Más bien, muestra cómo un lenguaje político desinhibido —que califica al oponente de "tirano" o "anticristo"—, combinado con convicciones religiosas, puede llevar a la violencia. Los cristianos deben cuidarse de demonizar a sus adversarios políticos. La Biblia llama a la sobriedad y al amor incluso al enemigo (Mateo 5:44).
El caso Allen nos recuerda que la fe no debe ser usada para justificar el odio y la violencia. Los cristianos están llamados a interpretar la Biblia a la luz del amor de Cristo y a emitir juicios políticos con humildad. Al mismo tiempo, deben estar alerta ante cualquier forma de extremismo que abuse del nombre de Cristo.
Aplicación práctica: ¿qué podemos aprender?
El caso de Cole Allen nos desafía a examinar cómo usamos la Biblia en nuestras convicciones políticas. Nos invita a ser críticos con nuestras propias interpretaciones y a buscar siempre la paz y la justicia desde el amor. La comunidad cristiana debe ser un espacio de diálogo y discernimiento, donde se confronten las ideas sin caer en demonizaciones. En última instancia, la fe en Cristo nos llama a ser agentes de reconciliación, no de violencia.
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