El jueves 30 de abril de 2026, la violencia yihadista volvió a golpear a la Diócesis de Pemba, en la provincia de Cabo Delgado, Mozambique. Terroristas atacaron la aldea de Meza, en el distrito de Ancuabe, incendiando la histórica parroquia de San Luis María Grignion de Montfort, la casa de los Padres Escolapios y una guardería local. Este ataque ha dejado una profunda herida en la comunidad católica de la región, que ya sufre los estragos de un conflicto que se extiende por más de ocho años.
El obispo de Pemba, monseñor António Juliasse Ferreira Sandramo, describió la escena como “de verdadero terror”. Según su testimonio, los insurgentes llegaron alrededor de las 4 de la tarde, irrumpieron en el templo —que era un símbolo de la presencia católica desde 1946— y lo redujeron a escombros. “Todo quedó reducido a ruinas”, informó el prelado en un mensaje a la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN).
Afortunadamente, los misioneros escolapios fueron alertados a tiempo y lograron abandonar la zona antes de la llegada de los atacantes; todos se encuentran a salvo. Sin embargo, la comunidad quedó profundamente afectada. Durante el ataque, los terroristas capturaron a civiles y los obligaron a escuchar discursos de odio, sembrando miedo y desolación.
El conflicto en Cabo Delgado: una crisis humanitaria que no cesa
La guerra en Cabo Delgado comenzó en 2017, cuando grupos vinculados al Estado Islámico iniciaron una insurgencia en la región. Desde entonces, más de 6200 personas han perdido la vida y más de 1,3 millones han sido desplazadas de sus hogares. La violencia ha afectado no solo a la infraestructura, sino también a la convivencia social y religiosa.
Las iglesias han sido blancos frecuentes de estos ataques. En 2020, la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción en el distrito de Mocímboa da Praia también fue destruida. Ahora, la parroquia de San Luis María Grignion de Montfort se suma a la lista de templos reducidos a cenizas.
La comunidad cristiana en Mozambique, aunque minoritaria en algunas zonas, ha sido un pilar de esperanza y servicio. Los misioneros y agentes pastorales han trabajado incansablemente para brindar educación, salud y apoyo espiritual a los más necesitados. La destrucción de la guardería es un golpe directo a los más vulnerables: los niños.
La respuesta de la Iglesia local
El obispo Sandramo ha hecho un llamado a la comunidad internacional y a los fieles de todo el mundo para que no olviden a Mozambique. “Necesitamos oración, pero también ayuda concreta para reconstruir lo que ha sido destruido y para sostener a las familias que han perdido todo”, expresó.
La Diócesis de Pemba, con el apoyo de organizaciones como ACN, está coordinando esfuerzos para brindar asistencia humanitaria a los desplazados y para restaurar los espacios de culto y servicio. Sin embargo, la inseguridad en la región dificulta el acceso y la reconstrucción.
La fe en medio de la prueba: consuelo bíblico
En momentos como este, la Palabra de Dios ofrece consuelo y fortaleza. El Salmo 46:1-2 nos recuerda: “Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia. Por eso, no temeremos aunque se desmorone la tierra y las montañas se hundan en el fondo del mar” (NVI).
La iglesia de San Luis María Grignion de Montfort era un lugar de encuentro con Dios, un faro de esperanza en una región asolada por la violencia. Su destrucción no apaga la fe de los creyentes, que siguen reuniéndose en casas y bajo árboles para orar y compartir el Evangelio.
El apóstol Pablo también nos anima en Romanos 8:38-39: “Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor” (NVI).
Llamado a la solidaridad y la oración
Como hermanos en la fe, estamos llamados a sostener a la iglesia perseguida. La situación en Mozambique nos interpela: ¿cómo podemos ayudar? La oración es el primer paso. Dediquemos tiempo a interceder por los cristianos en Cabo Delgado, por los misioneros y por las familias afectadas.
También podemos contribuir económicamente a través de organizaciones confiables que trabajan sobre el terreno, como Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) o Cáritas. Cada donación, por pequeña que sea, puede marcar la diferencia para reconstruir una guardería o proveer alimentos a los desplazados.
Finalmente, no olvidemos que la violencia y el odio no tienen la última palabra. Cristo venció al mundo (Juan 16:33), y su Iglesia, aunque herida, sigue siendo el cuerpo de Cristo en la tierra. La comunidad de Meza se levantará de las cenizas, porque la luz de Cristo brilla en las tinieblas.
Reflexión final
Querido lector, hoy te invito a detenerte un momento y orar por Mozambique. Imagina a los niños que perdieron su guardería, a los misioneros que tuvieron que huir, a las familias que viven con miedo. ¿Qué puedes hacer tú para ser instrumento de paz? Quizás compartir esta noticia, orar con más frecuencia o buscar maneras de apoyar a los perseguidos. Recuerda las palabras de Jesús: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5:9, NVI).
Que el Señor fortalezca a nuestros hermanos en Mozambique y nos dé a todos un corazón compasivo y solidario. Amén.
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