Argelia: la fe cristiana bajo presión y la lucha por sobrevivir

Fuente: EncuentraIglesias Editorial

En los últimos años, Argelia se ha convertido en un escenario de creciente dificultad para los cristianos. Lo que antes era una comunidad pequeña pero visible, ahora se ve forzada a vivir su fe en las sombras. Desde 2017, las autoridades argelinas intensificaron el cierre de iglesias protestantes, dejando a miles de fieles sin un lugar oficial para adorar. Según un informe de 2026 del Centro Europeo de Derecho y Justicia (ECLJ), al menos 58 iglesias han sido cerradas desde 2006, y en enero de 2025, prácticamente todas las iglesias evangélicas restantes habían cesado sus actividades.

Argelia: la fe cristiana bajo presión y la lucha por sobrevivir

Esta situación no es solo un conjunto de incidentes aislados, sino parte de un sistema jurídico y administrativo que, según el ECLJ, es "incompatible con las normas internacionales de libertad religiosa". La constitución argelina garantiza la libertad de culto, pero en la práctica, las leyes y regulaciones se han utilizado para sofocar a la minoría cristiana. El resultado es una transformación silenciosa: las reuniones de oración ahora ocurren en casas particulares, espacios improvisados o incluso al aire libre, en lugares que el informe llama "iglesias bajo olivos".

Como cristianos, estamos llamados a recordar a aquellos que sufren por su fe. El apóstol Pablo nos exhorta: "Acuérdense de los presos, como si ustedes estuvieran presos con ellos; y de los maltratados, como si ustedes mismos estuvieran siendo maltratados" (Hebreos 13:3, NVI). La iglesia en Argelia vive esta realidad diariamente.

El cerco legal: leyes que criminalizan la fe cristiana

La legislación argelina impone restricciones severas al culto no musulmán. Una ordenanza de 2006 exige que toda actividad religiosa ocurra en edificios oficialmente aprobados por el Estado. Una ley de 2012 determina que las asociaciones religiosas se registren ante las autoridades, pero los cristianos afirman que este registro ha sido sistemáticamente negado. "En la práctica, las autoridades argelinas han rechazado todas las solicitudes de apertura de nuevos lugares de culto", afirma el informe del ECLJ.

Además, las leyes que criminalizan "socavar la fe de un musulmán" o intentar convertir musulmanes se usan de manera amplia. Cualquier expresión de fe cristiana puede ser interpretada como proselitismo, sujetando a los fieles a penas de prisión y multas. Pastores y miembros de iglesias han sido procesados por realizar cultos sin autorización, y allanamientos policiales en reuniones de oración han resultado en detenciones e interrogatorios. En un caso reciente, un grupo de cristianos fue detenido por horas después de una reunión religiosa, evidenciando los riesgos del culto comunitario.

Esta persecución legal recuerda lo que los primeros cristianos enfrentaron en el Imperio Romano. Pedro escribió: "Queridos hermanos, no se sorprendan del fuego de prueba que ha venido sobre ustedes, como si algo extraño les estuviera sucediendo. Al contrario, alégrense de tener parte en los sufrimientos de Cristo, para que también cuando se manifieste su gloria, ustedes se llenen de alegría" (1 Pedro 4:12-13, NVI). La iglesia en Argelia está experimentando ese fuego purificador.

Iglesias domésticas y la resiliencia de la fe

Ante el cierre de iglesias, los cristianos argelinos se han adaptado. Las reuniones ahora ocurren en casas particulares, en pequeños grupos que se reúnen para orar, leer la Biblia y celebrar la Cena del Señor. Estas "iglesias domésticas" son un regreso a los orígenes del cristianismo, cuando los primeros seguidores de Jesús se reunían en hogares. El apóstol Pablo menciona varias de estas iglesias en sus cartas, como en Romanos 16:5: "Saluden también a la iglesia que se reúne en su casa" (NVI).

Un representante de la Iglesia Protestante de Argelia (EPA) dijo, en un testimonio citado en el informe: "Tratamos de vivir nuestra comunión de la mejor manera posible; lo más importante es estar juntos". Esta resiliencia es un testimonio poderoso. Incluso sin edificios, la iglesia sigue viva. En áreas remotas, los creyentes se reúnen al aire libre, bajo olivos, confiando en que Dios está presente. Como dice Jesús: "Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mateo 18:20, NVI).

La iglesia en Argelia nos enseña que la fe no depende de un lugar, sino de la comunión con Cristo y entre hermanos. A pesar de la persecución, el evangelio sigue avanzando. Oremos por ellos y apoyemos a nuestros hermanos que sufren.


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