La Iglesia anglicana en México atraviesa momentos difíciles. Desde la Diócesis del Norte, el padre Iván Garza, administrador diocesano, ha compartido su perspectiva sobre el conflicto que lleva más de dos años afectando a pastores y feligreses. En medio de disputas legales y diferencias internas, su mensaje es claro: la unidad en Cristo debe prevalecer sobre cualquier desacuerdo.
“Hay algo más fuerte que cualquier conflicto: la unidad, la hermandad y la fraternidad cristiana”, expresó Garza en una entrevista reciente. “Como pastores estamos llamados a construir puentes y no muros, a buscar el diálogo incluso en medio de las heridas”.
Raíces del conflicto: diferencias que persisten
La crisis se originó por diferencias en el liderazgo y la administración de la iglesia. Mientras la jerarquía oficial reconoce al obispo Óscar Gerardo Pulido García y a la primada Sally Sue Hernández García, la Diócesis del Norte no acepta su autoridad. Esta situación ha generado incertidumbre y desgaste entre los fieles.
El padre Garza señaló que “la incertidumbre, el cansancio y la confusión solamente generan más heridas y prolongan un conflicto que parece no tener fin. Mientras tanto, la gente sigue necesitando pastores, acompañamiento, esperanza y una Iglesia cercana”.
El llamado a la reconciliación
A pesar de las tensiones, Garza insiste en la necesidad de abrir canales de diálogo. “La Iglesia no pertenece a una persona ni gira alrededor de nombres propios”, afirmó. “Debemos escucharnos con humildad, pensando más en el clero, en los fieles y en el pueblo de Dios que en el poder o en quién tiene la razón”.
Este enfoque refleja el espíritu de las Escrituras. Como dice Efesios 4:2-3 (NVI): “Séanles completamente humildes y amables; tengan paciencia y sopórtense unos a otros con amor. Esfuércense por mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz”.
La labor pastoral continúa
En medio de la crisis, la Diócesis del Norte no ha detenido su misión. Siguen adelante con proyectos sociales, acompañan a madres buscadoras y realizan actividades pastorales. “La gente necesita esperanza y una Iglesia cercana”, subrayó Garza.
Este testimonio de perseverancia recuerda las palabras de Gálatas 6:9 (RVR1960): “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos”.
Un camino de sanación
El administrador diocesano es optimista. Cree que los problemas legales y administrativos pueden resolverse sin destruir la comunión ni la misión de la iglesia. “Aceptemos resolver las cosas con madurez espiritual, prudencia y voluntad”, instó.
Para lograrlo, es fundamental recordar que la Iglesia es el cuerpo de Cristo. Como enseña 1 Corintios 12:12-13 (NVI): “De hecho, aunque el cuerpo es uno solo, tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, por ser muchos, forman un solo cuerpo. Así también es Cristo”.
Reflexión final
La crisis del anglicanismo en México es un recordatorio de que la unidad cristiana requiere esfuerzo, humildad y amor. Como creyentes, estamos llamados a buscar la paz, incluso cuando las diferencias parecen insalvables. ¿Estás dispuesto a ser un instrumento de reconciliación en tu comunidad? Que esta situación nos inspire a orar por la Iglesia en México y a trabajar por la unidad que Cristo nos pidió.
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