70 años de fe y diálogo: el Vicariato de Santiago, un puente entre cristianos y judíos

Fuente: EncuentraIglesias Editorial

El 2 de mayo de 2025 es una fecha especial para la Iglesia católica en Israel: el Vicariato de Santiago, una comunidad que une a fieles de origen judío y cristianos de todo el mundo, celebra sus setenta años de vida. La ocasión fue marcada por una solemne celebración eucarística en la solemnidad de Santiago Apóstol, presidida por el cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, en el Notre Dame of Jerusalem Center. Un momento de gracia que reunió a sacerdotes, religiosos, laicos y amigos de todo el país.

70 años de fe y diálogo: el Vicariato de Santiago, un puente entre cristianos y judíos

El Vicariato nació en 1955 como Asociación de Santiago, con el propósito de apoyar a los católicos de lengua hebrea en Tierra Santa. Desde 2013 se ha convertido en una realidad autónoma dentro del Patriarcado Latino, con una misión clara: ser Iglesia en el corazón de la sociedad israelí, hablando el idioma del pueblo y compartiendo la vida cotidiana. Hoy las comunidades, llamadas kehillot, están presentes en Jerusalén, Tel Aviv-Jaffa, Haifa, Beerseba y Tiberíades, y acogen a católicos de diversas tradiciones: judíos mesiánicos, cristianos locales, migrantes e incluso comunidades de habla rusa.

El desafío de transmitir la fe

Uno de los aspectos más delicados del trabajo del Vicariato es la educación religiosa de los jóvenes. Crecer en un contexto de mayoría judía, a menudo en familias marcadas por la movilidad y la migración, hace compleja la tarea de transmitir la fe católica. Por eso el Vicariato ha invertido mucho en programas de catequesis, grupos juveniles y campamentos de verano, que ayudan a los chicos a vivir su identidad cristiana en un ambiente de diálogo y respeto mutuo.

Una carta pastoral que ilumina el camino

En su reciente carta pastoral titulada “Volvieron a Jerusalén con gran alegría” – Una propuesta para vivir la vocación de la Iglesia en Tierra Santa, el cardenal Pizzaballa ha elegido Jerusalén como ícono y brújula espiritual. La ciudad santa, escribió, “indica la convivencia, la relación, civil y religiosa”. Palabras que parecen escritas a propósito para el Vicariato de Santiago, que desde hace setenta años vive precisamente esta vocación: ser puente entre culturas diferentes, sin perder su identidad católica.

Un evento lleno de memoria y gratitud

La velada de aniversario recorrió la historia del Vicariato a través de rostros y testimonios. Junto al Patriarca, estaban presentes monseñor Rafic Nahra, ex vicario y hoy obispo de Nazaret, y muchos colaboradores que han acompañado el crecimiento de las comunidades. La música, expresión de oración que atraviesa las generaciones, se entrelazó con la primera proyección de un documental realizado por el Christian Media Center.

Un momento especial fue dedicado a la memoria: de los sacerdotes, las religiosas y los laicos que construyeron esta realidad; de los “pioneros” aún presentes; y de los jóvenes de las comunidades que han servido o sirven en el ejército israelí. Un pensamiento particular fue para quienes no regresaron, como Shlomo Ben Alex, ejemplo de dedicación y sacrificio. La gratitud se extendió también a los benefactores que sostienen cada día la catequesis, la liturgia y el servicio.

El mensaje de la diplomacia

Una señal de cercanía llegó también del embajador de Israel ante la Santa Sede, Yaron Sideman, quien, imposibilitado de asistir, envió un mensaje en video. En su intervención, elogió a la comunidad del Vicariato, llamándola ejemplo de diálogo y convivencia. Sus palabras subrayaron la importancia de una presencia católica que habla hebreo y que contribuye al tejido social del país.

El fundamento bíblico de la misión

La misión del Vicariato de Santiago encuentra sólidas raíces en la Escritura. El apóstol Santiago, a quien está dedicado el Vicariato, en su carta nos recuerda: “La fe, si no tiene obras, está muerta” (Santiago 2,17). Este versículo inspira el trabajo diario de la comunidad: una fe que se traduce en acciones concretas de amor, servicio y diálogo.

La celebración de los 70 años no es solo un mirar atrás con gratitud, sino también un renovado compromiso hacia el futuro. El Vicariato de Santiago sigue siendo un signo de esperanza y de unidad en una tierra marcada por divisiones. Que su testimonio inspire a muchas otras comunidades a construir puentes de paz y entendimiento.


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