El 26 de abril de 2025, Ucrania conmemoró el 40 aniversario del desastre de Chernóbil. En todo el país, los fieles encendieron la 'Vela del Recuerdo' en los alféizares, un gesto promovido por la Oficina de Ecología de la Iglesia greco-católica ucraniana. Este símbolo de oración y esperanza no solo honra a las víctimas y a los liquidadores, sino que lanza un mensaje fuerte al mundo: la amenaza nuclear sigue siendo real, y la guerra en curso amplifica los peligros.
El Consejo Panucraniano de Iglesias difundió un mensaje a la nación y a la comunidad internacional, subrayando que Ucrania vive este trágico aniversario mientras está en el quinto año de una guerra a gran escala. El territorio ucraniano se ha convertido en el más contaminado del mundo por minas y artefactos explosivos sin detonar, una amenaza constante para la vida humana y para la creación. 'La guerra representa ahora una amenaza constante de nuevas catástrofes a nivel global', se lee en el mensaje. Por eso, los líderes religiosos piden medidas decisivas para prevenir una nueva tragedia nuclear en suelo ucraniano, cuyo alcance podría superar al de Chernóbil.
El llamado de las Escrituras: guardianes de la creación
La Biblia nos recuerda que Dios ha confiado a la humanidad el cuidado de la tierra. En el libro del Génesis leemos: 'Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase' (Génesis 2:15, RVR1960). Este mandato divino nos llama a ser administradores responsables de la creación, no a explotarla de manera irresponsable. El desastre de Chernóbil fue causado por un error humano durante una prueba de seguridad, un ejemplo de cómo la tecnología, si se usa sin sabiduría y respeto, puede provocar daños enormes.
El profeta Isaías nos advierte: '¡Ay de los que a lo malo llaman bueno, y a lo bueno malo; que hacen de las tinieblas luz, y de la luz tinieblas!' (Isaías 5:20, RVR1960). Hoy, la guerra en Ucrania y la amenaza a centrales nucleares como Zaporiyia demuestran que no todos han aprendido la lección del pasado. El líder de la Iglesia greco-católica ucraniana, Sviatoslav Shevchuk, recordó que la ocupación de la central de Chernóbil al comienzo de la invasión y la constante amenaza a Zaporiyia son señales alarmantes.
Un llamado a la comunidad internacional
El embajador ucraniano ante la Santa Sede, Andrii Yurash, agradeció al Papa León XIV quien, durante el Regina Coeli, recordó el aniversario y reiteró la alerta sobre los riesgos del uso de tecnologías cada vez más poderosas. 'Hoy la amenaza de una nueva catástrofe es nuevamente real', escribió el embajador. El mundo se encuentra en un peligroso precipicio, donde el orgullo y la irresponsabilidad humana pueden desencadenar consecuencias inimaginables.
Las iglesias ucranianas invitan a todos los cristianos a unirse en oración y a apoyar iniciativas por la paz y la protección del medio ambiente. Como escribe el apóstol Pablo: 'No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento' (Romanos 12:2, RVR1960). Esta renovación nos impulsa a buscar caminos de reconciliación y de cuidado de la creación, rechazando la lógica de la guerra y la destrucción.
Una invitación a la reflexión y la acción
Ante esta realidad, ¿qué podemos hacer? En primer lugar, informarnos y sensibilizar a otros sobre los peligros de las armas nucleares y la importancia de la paz. En segundo lugar, orar por las víctimas de Chernóbil y por todos los que sufren a causa de la guerra en Ucrania. Finalmente, apoyar a las organizaciones que trabajan para la descontaminación de los territorios afectados y para la promoción de energías limpias y seguras.
El salmista nos recuerda: 'Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará' (Salmo 37:5, RVR1960). Confiemos en Dios y comprometámonos concretamente por un futuro en el que la tecnología esté al servicio de la vida, no de la muerte. La memoria de Chernóbil nos llama a ser guardianes de la creación y artesanos de paz.
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