170 años al lado de los cristianos en zonas de guerra: un testimonio de esperanza que transforma

Fuente: EncuentraIglesias Editorial

El 10 de mayo de 2026, en la majestuosa catedral de Notre-Dame en París, se celebró un evento que unió el cielo y la tierra: los 170 años de la Obra de Oriente (Œuvre d'Orient). Esta organización, fundada en 1856 para apoyar a las Iglesias orientales, sigue siendo un faro de luz en medio de las tinieblas de los conflictos que afligen a Medio Oriente, el Cuerno de África y Europa del Este. La misa solemne, presidida por el cardenal Claudio Gugerotti, prefecto del Dicasterio para las Iglesias orientales, contó con la participación de patriarcas, obispos, religiosos y muchos colaboradores. Un momento de gracia que nos recuerda cómo la fe puede superar cualquier barrera.

170 años al lado de los cristianos en zonas de guerra: un testimonio de esperanza que transforma

Monseñor Hugues de Woillemont, director general de la Obra de Oriente, abrió la conferencia de prensa con palabras que tocan el corazón: "En muchos de los países donde trabajamos, la guerra es una realidad cotidiana. Hay desplazados, heridos, muertos y personas desaparecidas. Los cristianos, como todos los demás, son víctimas inocentes". Este testimonio nos interpela directamente: ¿qué podemos hacer nosotros, en nuestra vida diaria, para no olvidar a quienes sufren?

Una presencia que no pide lástima

Monseñor de Woillemont subrayó un aspecto fundamental: "Los cristianos en estas tierras no piden lástima. Piden no ser olvidados. Su presencia, desarmada y fiel, es una lección para todos nosotros". En un mundo que a menudo busca soluciones rápidas y espectaculares, estas comunidades nos enseñan la fuerza de la perseverancia y el testimonio silencioso. Como dice la Escritura: "Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra" (Mateo 5:5).

La Obra de Oriente apoya a 400 comunidades religiosas en 23 países, con 70 voluntarios en misión y 1.250 proyectos al año. Escuelas, centros de salud, refugios y ayuda humanitaria de emergencia: son los pilares de una obra que no se detiene ni ante los conflictos más sangrientos. "No podemos salvar a todos", dijo monseñor de Woillemont, "pero podemos marcar la diferencia para muchos".

El valor de quedarse

Monseñor Hanna Jallouf, vicario apostólico de Alepo desde 2023, compartió su testimonio directo. "En Alepo, la guerra ha destruido casas, iglesias y esperanzas. Pero los cristianos se quedaron. No porque sean héroes, sino porque saben que Dios no abandona a su pueblo". Su voz es un grito de esperanza que resuena con las palabras del Salmo 46: "Dios es nuestro refugio y fortaleza, una ayuda siempre presente en las dificultades".

El mensaje es claro: la fe no es un lujo, sino un recurso que permite enfrentar incluso las pruebas más duras. Y nosotros, que vivimos en países en paz, podemos aprender de estos hermanos y hermanas la gratuidad del amor y la fuerza de la oración.

Un compromiso que viene de lejos

La Obra de Oriente no es solo una organización humanitaria: es una expresión de la Iglesia de Francia que, desde 1856, se pone al servicio de las Iglesias orientales. Su fundador, el laico Augustin de Backer, junto con Charles Lavigerie, comprendió que la solidaridad entre cristianos no conoce fronteras. Hoy, 170 años después, esa visión sigue dando frutos.

El cardenal Gugerotti, durante la homilía en Notre-Dame, recordó que "la Iglesia es una familia, y cuando un miembro sufre, todos sufren con él". Este principio, arraigado en la Primera Carta a los Corintios (12:26), es el corazón de la obra: "Si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; y si un miembro es honrado, todos los miembros se alegran con él".

Proyectos que cambian vidas

Entre los muchos proyectos apoyados, hay escuelas que acogen a niños de todas las religiones, hospitales que atienden a heridos de guerra y centros de acogida para familias desplazadas. "No hacemos distinciones", explicó monseñor de Woillemont. "Nuestro único criterio es la necesidad". Este espíritu de servicio universal es un ejemplo concreto de lo que significa ser cristiano: amar al prójimo sin límites.

Un dato que impacta


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