En estos tiempos donde las divisiones parecen multiplicarse, nos llega una noticia que refresca el alma y nos recuerda el llamado esencial de nuestra fe: la unidad en el amor. Recientemente, la alcaldesa de Jerez de la Frontera, María José García-Pelayo, recibió una distinción especial por su labor en favor de la convivencia entre diferentes expresiones de la fe cristiana. Este reconocimiento, otorgado por una publicación evangélica, nos invita a reflexionar sobre cómo podemos construir puentes en lugar de muros.
El valor de reconocer al otro
Cuando alguien desde fuera de nuestra comunidad reconoce y valora nuestro trabajo, el impacto es profundo. La Biblia nos recuerda en Romanos 12:10: "Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros". Este principio no se limita solo a quienes comparten nuestra denominación, sino que se extiende a todos aquellos que, desde diferentes tradiciones, buscan servir a Dios y al prójimo.
El acto de entrega tuvo lugar en el histórico Alcázar de Jerez, un espacio que ha sido testigo de siglos de historia y que ahora acogía un momento significativo para la comunidad cristiana local. Representantes de diferentes iglesias, líderes comunitarios y autoridades municipales se reunieron para celebrar algo que debería ser normal pero que todavía nos conmueve: el reconocimiento mutuo entre hermanos en la fe.
La herencia de Unamuno y el diálogo posible
El premio lleva el nombre de Miguel de Unamuno, aquel intelectual que mantuvo una relación significativa con un pastor protestante durante tiempos particularmente difíciles. Su famosa frase "Venceréis, pero no convenceréis" resuena todavía hoy como un recordatorio de que la verdadera victoria no viene de la imposición, sino del diálogo respetuoso y del testimonio coherente.
Jesús mismo nos enseñó sobre la importancia de reconocer el bien dondequiera que se encuentre. En Marcos 9:38-40 leemos: "Juan le dijo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía. Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí. Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es".
Construyendo comunidad desde la diversidad
La alcaldesa García-Pelayo, al recibir este reconocimiento, destacó la importancia de trabajar por "una ciudad de convivencia, diversa y rica en cultura". Esta visión coincide profundamente con la enseñanza bíblica sobre el cuerpo de Cristo. Como nos recuerda 1 Corintios 12:12-14: "Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. Pues el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos".
En la práctica, este reconocimiento nos habla de algo muy concreto: la posibilidad de trabajar juntos por el bien común, respetando nuestras diferencias pero encontrando puntos de encuentro en nuestro servicio a la comunidad. Las iglesias, independientemente de su tradición, tienen mucho que aportar al tejido social: programas de ayuda a personas en situación de vulnerabilidad, acompañamiento espiritual, educación en valores, y ese testimonio silencioso pero constante de que hay algo más allá de lo material.
Un modelo para nuestras comunidades
Este evento nos plantea preguntas importantes para nuestra vida comunitaria: ¿Cómo recibimos a quienes tienen expresiones de fe diferentes a las nuestras? ¿Estamos abiertos a reconocer el bien que hacen otros, aunque no compartamos todos sus puntos de vista teológicos? ¿Cómo podemos colaborar en proyectos que beneficien a toda la sociedad, más allá de nuestras diferencias? La respuesta, como nos muestra este ejemplo, comienza con el reconocimiento mutuo y la disposición a trabajar juntos por el bien común.
En un mundo donde las divisiones a menudo parecen insalvables, testimonios como este nos recuerdan que la unidad cristiana no es una utopía, sino una posibilidad real cuando nos enfocamos en lo que nos une más que en lo que nos separa. Como seguidores de Cristo, estamos llamados a ser constructores de puentes, promotores de diálogo y testigos de un amor que trasciende todas las barreras humanas.
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