En estos días, nuestro hermano país Perú vive un momento histórico en su vida democrática. Las elecciones presidenciales han marcado un camino hacia una segunda vuelta electoral, un proceso que se desarrolla en medio de desafíos logísticos y una profunda fragmentación política. Como comunidad cristiana, miramos estos acontecimientos con ojos de fe, recordando que nuestra ciudadanía principal está en los cielos, pero también tenemos responsabilidades terrenales.
La jornada electoral del domingo 12 de abril presentó circunstancias inusuales cuando las autoridades electorales extendieron la votación al día siguiente debido a dificultades en la instalación de mesas de sufragio. Esta situación afectó a miles de ciudadanos, principalmente en Lima y en el exterior, quienes tuvieron que esperar para ejercer su derecho al voto.
Un panorama político complejo
El escenario electoral peruano se caracteriza por una notable diversidad de candidaturas, reflejando las múltiples visiones que coexisten en la sociedad. Keiko Fujimori emerge como una de las figuras con mayor respaldo según los primeros sondeos, pero aún queda por definirse quién la acompañará en la segunda vuelta programada para el 7 de junio.
Este proceso no solo elegirá al próximo presidente, sino que también renovará completamente el Congreso, el cual retomará su estructura bicameral después de más de tres décadas. Se elegirán diputados, senadores y representantes ante el Parlamento Andino, configurando así el panorama legislativo para los próximos años.
Una perspectiva bíblica sobre la autoridad y la participación ciudadana
La Palabra de Dios nos ofrece principios valiosos para momentos como estos. El apóstol Pablo nos recuerda en Romanos 13:1:
"Todos deben someterse a las autoridades públicas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen han sido establecidas por él." (NVI)Este versículo no significa un respaldo automático a cualquier gobierno, sino un reconocimiento del orden divino en la estructuración de la sociedad.
Al mismo tiempo, las Escrituras nos llaman a ser sal y luz en el mundo (Mateo 5:13-16). Como cristianos, tenemos la responsabilidad de participar constructivamente en la vida pública, aportando valores evangélicos como la justicia, la verdad y el amor al prójimo.
Orando por los gobernantes
El apóstol Pablo nos insta en 1 Timoteo 2:1-2:
"Ante todo, recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos, especialmente por los gobernantes y por todas las autoridades, para que tengamos paz y tranquilidad, y llevemos una vida piadosa y digna." (NVI)Esta exhortación cobra especial relevancia en tiempos electorales, cuando se definen los liderazgos que guiarán la nación.
Nuestra oración por Perú debe incluir:
- Sabiduría para los votantes al tomar su decisión
- Integridad para los candidatos y sus equipos
- Transparencia en el proceso electoral
- Unidad nacional más allá de las diferencias políticas
- Líderes que busquen el bien común
Reflexionando desde la experiencia eclesial
En nuestra tradición cristiana, hemos visto cómo la Iglesia puede ser un espacio de encuentro y diálogo en sociedades polarizadas. El reciente cambio en el liderazgo de la Iglesia Católica nos recuerda la importancia de las transiciones ordenadas. Así como la comunidad cristiana mundial recibió con esperanza al Papa León XIV tras el fallecimiento del Papa Francisco en abril de 2025, las sociedades necesitan procesos de cambio que generen confianza y estabilidad.
Las iglesias en Perú tienen una oportunidad única en este momento histórico: ser espacios donde se practique el respeto mutuo, donde se escuchen las diferentes perspectivas y donde se recuerde que nuestra identidad en Cristo trasciende las afiliaciones políticas.
Lecciones de historia y fe
La historia de Israel nos muestra períodos de estabilidad bajo liderazgos sabios y tiempos de dificultad bajo gobernantes que se apartaron de Dios. Los libros de Reyes y Crónicas documentan esta realidad, invitándonos a reflexionar sobre las consecuencias de las decisiones colectivas.
En el Nuevo Testamento, Jesús mismo interactuó con autoridades políticas de su tiempo, desde Herodes hasta Pilato, siempre manteniendo su fidelidad a la voluntad del Padre. Su ejemplo nos enseña a mantener nuestra integridad mientras participamos en los procesos sociales.
Aplicación práctica para nuestra vida cristiana
¿Cómo podemos vivir nuestra fe en medio de procesos electorales como el que vive Perú? Te propongo tres actitudes prácticas:
- Oración constante: Dedica tiempo específico para orar por Perú, sus autoridades actuales y los candidatos. Recuerda que la oración cambia realidades.
- Participación informada: Si eres peruano o tienes conexión con el país, infórmate sobre las propuestas de los candidatos, analízalas a la luz de los valores del Reino y participa responsablemente según tu situación.
- Testimonio de unidad: En tus conversaciones sobre política, muestra el espíritu de Cristo. Puedes tener preferencias políticas sin demonizar a quienes piensan diferente. Recuerda que "el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio" (Gálatas 5:22-23, NVI).
Finalmente, recordemos las palabras de Jeremías 29:7, donde Dios instruye a su pueblo en el exilio:
"Busquen el bienestar de la ciudad a donde los he desterrado, y oren por ella al Señor, porque su bienestar será el bienestar de ustedes." (NVI)Donquiera que estemos, seamos intercesores por las naciones, agentes de reconciliación y portadores de la esperanza que tenemos en Cristo, quien reina eternamente sobre todos los sistemas políticos humanos.
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